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El cocinero, la falacia, su error y su contradicción.

19 febrero, 2007
Hora : 9:03 AM

El domingo 18 encontré en la revista "El Magazine" este párrafo en un artículo del cocinero Santi Santamaría sobre el jamón:
Cuando hablamos de carne, conviene no perder de vista que existen carnes ecológicas; el adjetivo se emplea para designar productos de la agricultura y la ganadería que han sido cultivados y criados con méto­dos naturales, sin fertilizantes ni pesticidas químicos. Los animales que han sido ali­mentados con cereales y leguminosas se consideran ecológicos, y si se han tratado con métodos naturales como la homeopatía y la fitoterapia, ya es lo más de lo más.
Es una pena cómo en señor Santamaría incurre sucesivamente en una falacia, un gran error y una inexplicablemente habitual contradicción en un sólo parafillo a la hora de explicar algo tan sencillo como el término "carnes ecológicas", lo que viene a ilustrar un poco como casi siempre todas las tonterías pseudocientíficas acaban encadenadas de un modo u otro.
Es muy conocida y tristemente popular la "falacia naturalista" según la cual todo lo existente en la naturaleza sin mediar mano humana es bueno en esencia por ese hecho mismo y ante la cual para muchos de sus seguidores todo lo fabricado artificalmente por el ser humano tiende a ser malo, perjudicial o potencialmente peligroso. A través de esta falacia el chef incurre en el error de considerar bajo el concepto de "químico" todo aquello no salido directamente de la naturaleza. Un error demasiado común por desgracia.
La química es considerada "la ciencia de los materiales" porque lo que hace precisamente es estudiar la composición de los mismos. De todos, no sólo de los creados o sintetizados por la acción humana. Y es que todo lo que hay en la naturaleza está conformado por compuestos químicos. La gente que, como el señor Santamaría, utiliza la palabra "químicos" para referirse a los compuestos fabricados por la acción humana está, conscientemente o no, utilizándola inadecuadamente y dotándola de un significado oscuro y tremendamente manipulador. Porque no hay fertilizantes ni pesticidas que no sean químicos a menos que se esté utilizando en la ganadería ecológica algún tipo de sistema de ferlilización y eliminación de plagas de componente meramente físico (usando, por ejemplo, una fuerza motriz u otro tipo de acción física) si es quealgo así existe. Un pesticida hecho a base de una disolución de ajo, como he oído mencionar alguna vez a algún ecologista que abogaba por pesticidas naturales, sería igual de "químico" que uno fabricado en una empresa del ramo.
El señor Santamaría quizás debió escoger mejor sus palabras, previa ilustración adecuada, para alejarse del error habitual de quienes apelan constantemente a la falacia naturalista y referirse a lo que quería criticar como fertilizantes y pesticidas artificales, término que además se opone por su simple significado mucho mejor a lo que argumenta bajo el término "natural". El por qué de este constante mal uso de la palabra "química" se debe a la ignorancia, a la falta de información, pero la química es una de las ciencias fundamentales, y el posicionamiento de la tendencia naturalista y alternativa lejos de las ciencias fundamentales puede tener mucho que ver, poniéndonos malpensados.
Y supongo que es el equívoco conocimiento relativo a todo lo que rodea la química lo que nos lleva finalmente a la contradicción...
...¿Es una terapia natural la homeopatía? Sinceramente creo que a las personas que gustan de todo este mundo de lo alternativo y natural necesitan seriamente detenerse a pensar qué es lo que significa "terapia natural". Porque de las primeras palabras del insigne chef parece inferirse que lo natural es todo lo salido de la tierra y la madre naturaleza sin mediar ingenio humano de modo que, ciñéndonos a ello ¿qué carajo tiene la homeopatía de terapia natural? ¿En qué lugar del planeta o Universo y en qué tiempo nos dió la madre naturaleza preparados de diluciones infinitésimales de sustancias a en un principio tóxicas? ¿Acaso hay ríos cuyas aguas han sufrido la dilución de otro elemento en múltiples fases y agitados hasta llegar al preparado final? ¿No constituye la elaboración de una pócima homeopática, o también de una pastilla homeopática, cuando se da la curiosa paradoja de dispensarse en bolitas, un proceso de absoluta intervención humana de principio a fín tanto en su concepción como en su elaboración (independientemente de su ineficacia no o)? Y siendo así....¿No es una terapia del todo artificial según la significación de este término como opuesto a "natural" que el propio Santamaría nos da a entender en su párrafo, e inclinada a negativa por la misma razón?
Estamos acostumbrados a que los que se ganan la vida con el naturismo esgriman la falacia natural constantemente para ganar puntos de mercado con sus clientes. Y es obvio y lógico que los homeópatas aprovechen para subirse al carro y aprovecharse de quienes se confunden al considerar "alternativo" un sinónimo de "natural". Lo que sucede es que en este caso el propio Santamaría es víctima a la vez que pregonero del sistema de falacias, errores y contradicciones que los señores de las terapias alternativas ejercen para constante desinformación de sus fieles adeptos.

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Publicado por El Primo Ralsa a 9:03 AM | Enlace permanente | 5 comentarios

"Retrodecreto": un paso atrás.

01 febrero, 2007
Hora : 1:19 PM

"La existencia de diversas maneras de entender a la persona, el diagnóstico, la enfermedad y el tratamiento, relacionadas con la tradición de las diferentes culturas, condiciona los criterios o las opiniones médicas y terapéuticas distintas. Esta diversidad de concepciones se encuentra tanto en la medicina oficial, convencional o alopática, como en el resto de criterios nombrados no convencionales, complementarios, alternativos, naturales u holísticos. Cada uno de estos criterios utiliza remedios o técnicas diferentes.
Los criterios en que están basadas las terapias naturales parten de una base filosófica diferente a la que soporta la medicina convencional o alopática y aplican procesos de diagnostico y terapéuticos propios."
Así comienza el triste decreto de la Generalitat de Cataluña con el que se van a "regular" las “condiciones para el ejercicio de determinadas terapias naturales”. Es decir comienza ya con una mentira o una terrible equivocación, en cualquiera de los dos casos con una falsedad.

Porque no hay distintas maneras (por poner un ejemplo) de interpretar la infección por el virus del VIH de un organismo humano, no hay contexto ni legado cultural y menos aún filosófico que condicione la realidad objetiva de una infección vírica o del desarrollo de un cáncer. Ante tales eventualidades sólo hay una manera de trabajar: observar, investigar y usar la razón para comprender los mecanismos que originan las enfermedades y combatirlos eficientemente, no esclavizándose de las tradiciones como prioridad y convirtiéndolas así en un lastre.

La manera de llegar a una curación o un tratamiento no pasa por la cultura, por la tradición por el folklore ni por la filosofía. Pasa por procesos objetivos y por métodos racionales de experimentación: El uso de la razaón y los procesos lógicos no tienen ningún punto de antagonismo ni pertenecen en exclusiva a cultura alguna. No asumir esta realidad lo único que va a conseguir es que, amparándose en este antecedente, se dé la triste situación de que cualquier cantamañanas esgrima la coartada de "su manera de entender el diagnóstico y la enfermedad" para vender su terapia, por descabellada, inútil y fraudulenta que pueda ser y encima estar a la altura de cualquier médico o científico.

Hay algo enormemente preocupante en estos tiempos y en este país, visto que el decreto es pionero, como la propia Generalitat cacarea con una jactancia orgullosa. Estamos desandando a pasos de gigante (y muy gigante) lo que la humanidad logró progresar y avanzar a pasito de geisha durante largos y duros siglos. Esos parámetros que logramos establecer para protegernos institucionalmente de los errores, las falsedades y las charlatanerías que no estaban sustentadas por pruebas concluyentes. Logramos que no se aplicase un tratamiento o se aprobase un medicamento sin pasar estrictos controles (cada vez más estrictos a la sombra de algunos errores históricos) que exigiesen esas pruebas y que entran en las más básicas normas del sentido común.

Ya lo saben, no tiene más que encarar una enfermedad con una concepción filosófica o cultural diferente para tener legitimidad institucional para pretender que puede curarla como le dé la gana. Aunque no tenga estudios clínicos, pruebas de laboratorio ni corroboración de las mismas. Cosa que, por cierto, es algo que se le exige y sigue exigiendo a con toda dureza a cualquier medicamento serio, de ésos a los que los que no saben nada llaman alopáticos.

La Historia no parece enseñarnos nada. Ésto es lo que pasa cuando los crédulos están en el poder y adaptan la sociedad a las "creencias": volvemos a toda marcha atrás, como decía Isaac Asimov.

¿Quiere saber más?
Alegaciones al decreto de la Generalitat de Cataluña
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Publicado por El Primo Ralsa a 1:19 PM | Enlace permanente | 10 comentarios

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