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Nombre: El Primo Ralsa
Lugar: Oviedo, Asturias, Spain


Ciencia: me sirve, no me sirve...

27 noviembre, 2006
Hora : 7:51 PM

¿Se han fijado? Uno de los grandes puntos que tienen en común de la mayoría de los frentes de la escena magufa es su desprecio o desconfianza primigenia hacia la ciencia. Tanto los fanáticos religiosos, como los pseudoterapeutas, los "ufomaníacos", los adeptos del new-age, los espiritistas, los criptozoólogos y demás fauna creyente y/o consciente-pero-aprovechada tienden a lanzar dardos a la ciencia moderna concibiendo a la misma como un ente malvado con vida propia o una sociedad secreta de obtusos y/o soberbios que no se sabe muy bien por qué se empeñan en ocultar verdades al más puro estilo Expediente X.

¿Por qué? Bueno, está claro. El método científico bien empleado es algo que con su uso exegeta desmonta absolutamente la mayoría de las creencias que hemos mencionado y una vez desmontadas la gallina de los huevos de oro deja de poner. Es decir, que resuelto un misterio, para bien o para mal, para verificar sus bases o para rectificarlas, deja de serlo y no puede venderse como tal nunca más. De ahí que la herramienta científica esté mal vista, de ahí que los traficantes de misterios los vendan siempre, como Iker Jiménez, sin implicarse ni en resolverlos ni en rebatirlos, pero siempre enfocándolos, eso sí, desde el punto de vista "misterioso", en lugar del crítico, no vaya a ser que el lado crítico nos lleve al método y a descubrir el pastel por nosotros mismos.

Y sin embargo... ¿se han fijado también? Paradójicamente todos los estos frentes de la escena magufa comparten otro punto en común: su afán por cubrirse de terminología científica y aprovechar, cuando parezca cuadrar, todo apoyo y aval que tenga que ver con la ciencia para darse el mayor crédito posible. ¡Graciosa contradicción! Poca honradez y coherencia se manejan esos tipos. La ciencia es mala y manipuladora... salvo cuando parece apoyar charlatanería. Entonces, cuando creen haber encontrado (más bien cuando hacen que lo parezca, insisto) algún clavo científico al que agarrarse, la ciencia pasa a ser de inmediato fuente de sabiduría que estaba a favor de ellos. He visto ejemplos de ésto constantemente.

En su delirante libro "Hercóbulus o planeta Rojo", del que ya se habló en este espacio, el señor Joaquín Amórtegui, llamado venerable maestro Rabolú por razones que solo sus seguidores sabrán, arremete contra los "señores científicos" (sic) repetidas veces. Los desautoriza por ignorar, no deja bien claro si intencionadamente o no, numerosas cosas que pretende revelarnos en tan asombroso escrito.
Nada más comenzar, en la primera página, el maestro venerable escribe:
La Humanidad está embelesada con los pronósticos de los falsamente llamados científicos que no hacen sino llenarla de mentiras...
...esto no lo pueden negar los científicos consus teorías, como lo están haciendo y han hecho, de desfigurar la verdad nada más que por orgullo, vanidad y deseo de poder...
Es sólo un ejemplo. La letanía se repite varias veces a lo largo del panfleto.

Y sin embargo...

El libro "Hercóbulus o planeta rojo" llegó a mí a través de una persona que dirige una asociación de ayuda al desempleado. El libro fue remitido a esta asociación sin que nadie lo solicitara y una vez leído y pasados los estertores de la risa (merece la pena echarle un vistazo si se quiere soltar un poco de carcajada terapéutica) la persona que me lo facilitó procedió a llamar al remitente (que junto a la obra adjuntaba una carta avalando la persona del maestro venerable, ponderando las virtudes -falaces- del libro y exhortando a darlo a conocer a "cuantas personas le pudiera interesar") más que nada presa de una gran fascinación ¿Se trataba de una broma? ¿Cómo era posible que alguien se dignase a editar aquello en serio y de avalarlo con su firma?
Respondió, no obstante, orgulloso el remitente, y defendió la obra ante las preguntas con un singular y autodestructivo argumento:
Estamos en contacto con científicos de la N.A.S.A. que, crean o no, han avalado lo que dice el libro.
Suponiendo que tal desatino fuese cierto (y al contenido del panfleto me remito por si alguien alberga duda)... ¿No eran los científicos un hatajo de majaderos mentirosos y orgullosos sin crédito ninguno, especialmente los de la N.ASA ya que el libro arremete contra los "gringos"(sic) una y mil veces? ¿O sólo es así si echan por tierra lo que dicen ellos?

Por otro lado, vean cómo apararce en la Google la organización que propaga esas sandeces:
Hercóbulus o planeta rojo
Organización científica independiente sin fines de lucro, políticos o religiosos dedicada a erradicar los falsos datos en todos los campos del conocimiento.
Acongojante.

Los fundamentalistas religiosos en cuestión evolución desautorizan a la ciencia a la primera de cambio. La desautorizan falazamente, sin aportar pruebas en contra de las que aportan los estudios científicos, pero la desautorizan, porque va en contra de lo que creen y punto. No obstante me he hartado de leer y escuchar cómo cuando es preciso para otros menesteres, como por ejemplo intentar un argumento de apariencia racional para justificar la existencia de un dios no le hacen ascos a echar mano de aquello que habían descalificado vehementemente con anterioridad.






También conozco pseudoterapeutas que constantemente hacen crítica (poco apuntalada, pero crítica) de la ciencia y defienden sus puntos de vista como originales y creativos más allá del corsé científico (ya saben, la mente cerrada). Pero claro, eso es en las conversaciones en las que hablo de las pruebas científicas que van contra sus (pseudo?) teorías. En otras conversaciones no pueden dejar escapar que "hay médicos que apoyan la homeopatía" o que "este científico o aquel otro siguen esta terapia o se alinean con ésta otra". Y es que además olvidan que lo que hace una persona aislada no es lo que dicen la ciencia y su método. Que es el meollo de la cuestión.

En definitiva, poca seriedad, pocos principios. Si no están de acuerdo con algo y se ven en obligación moral de desautorizarlo bajo su criterio lo menos que deben de hacer es ser coherentes y regir su discurso férreamente, pero de ningún modo se debe validar o no a la ciencia según la conveniencia coyuntural respecto a lo que ellos defienden. Eso se parece más a la política, y la política poco puede hacer como herramienta para llegar a la verdad de las cosas.

No deja de ser revelador. Los miembros del maguferío tienden a arremeter contra la ciencia como enemiga de la "apertura de mente" pero constantemente se sienten tentados de ser avalado por ella. Incluso los magufos parecen necesitar ostentar ellos la condición pública de científicos. Los científicos, por otro lado, no tienen ninguna tendencia de ser confundidos con magufos ni de ser agasajados por ellos. Las cosas están, por lo visto, en su sitio en este nivel.
Es un verdadero alivio.

Gracias a Greg por descubrirme el vídeo.
Gracias a PM40 por prestarme el libro (panfleto) "Hercóbulus o planeta rojo".

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Publicado por El Primo Ralsa a 7:51 PM | Enlace permanente | 11 comentarios

Obras maestras de la evolución en National Geographic

13 noviembre, 2006
Hora : 12:59 PM

por: Carl Zimmer
Fuente: National Geographic














El padre de la evolución fue un papá en apuros: pocas cosas afligían más a Charles Darwin que tener que explicar cómo se crearon las estructuras más complejas de la naturaleza, como el ojo. ‘‘El ojo, incluso ahora, me hace estremecer’’, escribió a un amigo en 1860.

Hasta ahora los biólogos comienzan a entender la complejidad de los orígenes de la vida: el ingenioso y delicado mecanismo óptico del ojo, la ingeniería magistral del brazo, la arquitectura de una flor o de la pluma de un ave, la coreografía que permite que billones de células sumen esfuerzos en un solo organismo.
La respuesta básica es clara: de una u otra manera, todas estas maravillas evolucionaron. ‘‘La idea fundamental de la evolución es magnífica: tan bella, tan simple’’, dice el investigador Howard Berg, quien ha pasado gran parte de los últimos 40 años estudiando uno de los ejemplos más modestos de la complejidad de la naturaleza: el flagelo de bacterias comunes. ‘‘El concepto es, simplemente, que la naturaleza juega con algo, lo transforma y luego pregunta: ¿eso aumenta o no las posibilidades de supervivencia? Si no es así, los organismos en los cuales se manifestó el cambio mueren y, con ellos, el concepto; si aumentan las posibilidades, esos organismos continúan con su existencia, y la naturaleza sigue jugueteando, mejorando. Es una técnica extremadamente eficaz.’’

Sin embargo, a casi 150 años de que Darwin planteara esta magnífica idea al mundo, en El origen de las especies, la evolución de estructuras complejas aún puede ser difícil de entender. La mayoría de la gente puede concebir el proceso de selección natural mediante el cual se lleva a cabo un cambio o un ajuste; por ejemplo, que un animal adquiera más pelaje o un cuello más largo. Es más difícil, no obstante, imaginar que la evolución dé origen a un órgano nuevo y complejo, con todas sus partes entrelazadas con precisión.

Estudiar de qué modo se crearon las estructuras complejas es uno de los más estimulantes campos de la biología evolutiva; los indicios aparecen con notoria rapidez. Algunos han surgido a partir de fósiles espectaculares que revelan a los precursores de órganos complejos, como las extremidades o las plumas. Otros provienen de laboratorios, donde los científicos analizan los genes que transforman a embriones sin rasgos característicos en organismos maduros. Al comparar los genes que modelan órganos en diferentes especies, se han encontrado pruebas de que ciertas estructuras aparentemente tan diferentes, como los ojos de una mosca y los de un ser humano, en realidad comparten el mismo legado.

Aún queda un largo camino por recorrer para entender la evolución de la complejidad, lo cual no es sorprendente, pues muchos de los mecanismos de la vida evolucionaron hace cientos de millones de años. Sin embargo, los nuevos descubrimientos revelan el proceso mediante el cual las estructuras complejas se desarrollaron a partir de principios simples. Gracias a los estudios y a los hallazgos, los científicos siguen redescubriendo algunas reglas claves. Una de ellas es que una estructura compleja puede evolucionar a través de una serie de intermediarios más simples. Otra, que la naturaleza es ahorrativa: modifica genes ya existentes para nuevos usos e, incluso, vuelve a usar los mismos genes de nuevas maneras, para construir algo más complejo.







Encuentra el artículo completo en la edición de noviembre
de National Geographic en Español.

Publicado por El Primo Ralsa a 12:59 PM | Enlace permanente | 1 comentarios

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