http://www.blogger.com/template-edit.g?blogID=19947637 LA HABITACION CERRADA: 07.2005
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Nombre: El Primo Ralsa
Lugar: Oviedo, Asturias, Spain


Nuevo dato que apoya la ilógica de la astrología

31 julio, 2005
Hora : 4:17 PM

>>Astrónomos estadounidenses han descubierto un planeta más grande que Plutón que orbita alrededor del Sol, según anunció ayer el sitio de internet, lo que probablemente reabra el debate sobre qué es exactamente un planeta y si Plutón puede seguir englobándose en dicha categoría.
El planeta, descubierto el 8 de enero pasado mediante el telescopio Samuel Oschin, en el observatorio de Monte Palomar (California), hasta ahora no tiene nombre, señaló Mike Brown, del Instituto Tecnológico de California, que dirigió la investigación financiada por la NASA, según se indica en el portal.
>>El astrónomo señaló que se trata de un miembro típico del cinturón Kuiper de asteroides, pero se le puede calificar como planeta debido a su tamaño.
Se encuentra a 14.500 millones de kilómetros del Sol, más de tres veces la actual distancia de Plutón al astro. Por tanto, es el objeto más lejano del Sistema Solar, y el más brillante del cinturón Kuiper.
>>«Será visible con un telescopio en los próximos seis meses, en la constelación Cetus», señaló Brown en declaraciones que le atribuye spaceref.com.
>>El sitio de internet, que diariamente difunde noticias de la exploración espacial y la astronomía, indicó que el descubrimiento fue resultado de un trabajo conjunto, en el que también participaron, además de Brown, los científicos Chad Trujillo, del Observatorio Gemini, en Mauna Kea, Hawai, y David Rabinowitz, de la Universidad de Yale.
>>El supuesto planeta había sido fotografiado el 31 de octubre de 2003, pero estaba muy distante, y sólo fue posible determinar su movimiento en un análisis de nuevas imágenes realizado en enero.
>>En los últimos siete meses, los científicos han estado estudiándolo para realizar un mejor cálculo sobre su tamaño y sus movimientos, señaló Brown.
>>«Es definitivamente más grande que Plutón; es probable que su tamaño sea una y media veces mayor, pero todavía no estamos seguros», añadió.
>>Brown manifestó que «estamos en un ciento por ciento seguros de que es el primer objeto más grande que Plutón captado en los extremos del Sistema Solar».
>>Los nueve planetas que integran el sistema son Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón. Todos ellos giran en torno al Sol en un sistema que también incluye a los satélites naturales de cada planeta, cometas, asteroides y meteoritos.

Publicado por "La nueva España"
31/07/2005

Publicado por El Primo Ralsa a 4:17 PM | Enlace permanente | 2 comentarios

A toda marcha atrás.

29 julio, 2005
Hora : 4:04 PM

Publico este extracto de un artículo de Isaac Asimov a raíz de una larga conversación que, a fecha de esta publicación, todavía está teniendo lugar en "Homo Webensis" sobre la crítica a la ciencia. Lo publico, aunque ya hemos aportado muchos de los argumentos que se expresan aquí, para que sirva e ilustración de que los contrarios y falaces son constantemente sostenidos por los detractores a falta de un análisis objetivo simple.

A TODA MARCHA ATRÁS
Por Isaac Asimov
(...)
En el nº del 16 de Mayo de 1974, un colaborador de la revista New Scientist escribió: “Los vuelcos de la ciencia en los últimos doscientos años han producido algún que otro truco ingenioso, como la comida enlatada y los discos, pero seamos sinceros, ¿qué más han hecho que sea de alguna importancia para los setenta años de nuestra vida sobre la Tierra?”
Me apresuré a escribir una carta en la que decía, entre otras cosas: “…una de las cosas que podríamos considerar que tiene un valor innegable son los setenta años de nuestra vida…Durante la mayor parte de la historia de la humanidad eran más bien treinta. ¿Podríamos esperar de usted un poco de gratitud por esos cuarenta años de vida adicional que tiene la oportunidad de disfrutar?”.
La carta fue publicada y acto seguido (…) apareció un ataque frontal de un caballero al que llamaré B. Parece ser que en su opinión, el hecho de vivir más tiempo tenía sus desventajas, ya que entre otras cosas contribuía a la explosión demográfica, por ejemplo. También decía: “…aquellos tiempos oscuros de los que habla y cuya esperanza de vida era bastante menor de setenta años se las arreglaron a pesar de todo para producir cosas como Chartres, las obras de Rafael y Shakespeare.
(…)
En mi respuesta le dije, entre otras cosas: “B prosigue diciendo que los hombres que vivían pocos años en los siglos pasados crearon grandes obras del arte, la literatura y la arquitectura. ¿Acaso B lo considera una extraña coincidencia o es que mantiene que los avances culturales del pasado tuvieron lugar porque los hombres vivían poco tiempo?
“Si verdaderamente B lamenta el aumento de la esperanza de vida que la ciencia ha hecho posible, y le parece destructivo para la humanidad ¿qué solución nos propone? Después de todo sería bien fácil abandonar los progresos científicos, permitir que las aguas de desecho se infiltren en nuestros sistemas de abastecimiento de aguas, renunciar a la antisepsia en la cirugía y a los antibióticos y luego observar cómo el índice de mortalidad llega al nivel en que pronto produciría (según el insólito argumento de B) un genio como el de Shakespeare.
(…)
¿No se le ha ocurrido a B que una de las soluciones a la explosión demográfica provocada por los adelantos de la ciencia y la medicina es la disminución de la tasa de natalidad? ¿O es que acaso esta disminución repugna a su sentido de la moralidad prefiriendo con mucho los encantos de las plagas y hambrunas como remedio a la superpoblación?
(…)
A veces me pregunto su la gente que denuncia el mundo de la ciencia y tecnología modernas no será precisamente aquella que siempre ha vivido cómodamente y sin estrecheces económicas y que de no existir las máquinas habría gente de sobra (otra gente) para reemplazarlas.
Es posible que sean aquellos que no han trabajado duro en su vida los que estén totalmente dispuestos a sustituir la maquinaria por la musculatura humana (no la suya, claro). Sueñan con construir la catedral de Chartres…en el papel de uno de los arquitectos, no como un campesino reclutado para arrastrar piedras. Viven con su fantasía en la antigua Grecia…como Pericles y no como un esclavo. Añoran la vieja Inglaterra como un barón normando, no como su siervo sajón.
(…)
Algún gran pensador podría intentar refutar mi argumento afirmando que el tipo de vida mecanizada que proporciona la tecnología moderna no es mejor que la suerte de los esclavos de la antigüedad. Este tipo de argumentos fue utilizado antes de la guerra civil americana para denunciar la “hipocresía” de los abolicionistas de los Estados libres, por ejemplo. No es un argumento totalmente trivial, pero dudo mucho que cualquier obrero de una fábrica de Massachussets consintiera voluntariamente en ser un operario negro de una granja del antiguo Mississippi basándose en que las dos profesiones son equivalentes. O que un operario negro de una granja de Mississippi se negara a trabajar en una fábrica moderna porque no le pareciera una mejora de su condición de esclavo.
(…)
Cada avance tecnológico, por primitivo que fuera, ha producido también efectos no deseados. El hacha de piedra proporcionó más alimentos al género humano…y agravó las consecuencias de las guerras. El empleo del fuego proporcionó luz, calor y más y mejor comida…y la posibilidad de incendios provocados y de quemar gente en la hoguera. La aparición del lenguaje humanizó al hombre,…y al mismo tiempo posibilitó la aparición de la mentira.
Pero es asunto del individuo la elección del buen o mal uso. (…)Después de todo es el hombre el que decide utilizar los explosivos para construir o destruir. Si elige esto último, no es culpa el explosivo (nota del transcriptor: ni de quien lo inventó), sino de la insensatez humana.
(..)
Resumamos, entonces…
Pueden nombrar cualquier problema de los que sufre el mundo actual; puedo afirmar que, aunque es posible que la ciencia y la tecnología no puedan solucionarlos, es seguro que ninguna otra cosa lo hará. Así que ustedes eligen: o la posible victoria con la ciencia, o la derrota cierta sin ella.
Isaac Asimov
“El secreto el universo y otros ensayos científicos”
Salvat, 1992

Publicado por El Primo Ralsa a 4:04 PM | Enlace permanente | 0 comentarios

Un dragón en mi garaje.

27 julio, 2005
Hora : 9:17 AM

Nada como este texto ya clásico de "El mundo y sus demonios", de Carl Sagan, describe cómo es el espíritu escéptico que defiendo. Desde luego lo suyo sería leer, ya que no todo el libro, al menos el capítulo entero. Es, a mi juicio, la obra cumbre y definitiva sobre el pensamiento crítico y el escepticismo, con claves y razonamientos realmente inteligentes y nada demagógicos. Espero que alguien se anime.


"En mi garaje vive un dragón que escupe fuego por la boca."

Supongamos (sigo el método de terapia de grupo del psicólogo Richard Franklin) que yo le hago a usted una aseveración como ésa. A lo mejor le gustaría comprobarlo, verlo usted mismo. A lo largo de los siglos ha habido innumerables historias de dragones, pero ninguna prueba real. ¡Qué oportunidad!

- Enséñemelo – me dice usted.

Yo le llevo a mi garaje. Usted mira y ve una escalera, latas de pintura vacías y un triciclo viejo, pero el dragón no está.

- ¿Dónde está el dragón? – me pregunta.

- Oh, está aquí – contesto yo moviendo la mano vagamente -. Me olvidé decir que es un dragón invisible.

Me propone que cubra de harina el suelo del garaje para que queden marcadas las huellas del dragón.

- Buena idea – replico – , pero este dragón flota en el aire.

Entonces propone usar un sensor infrarrojo para detectar el fuego invisible.

- Buena idea, pero el fuego invisible tampoco da calor.

Se puede pintar con spray el dragón para hacerlo visible.

- Buena idea, sólo que es un dragón incorpóreo y la pintura no se le pegaría.

Y así sucesivamente. Yo contrarrestro cualquier prueba física que usted me propone con una explicación especial de por qué no funcionará.

Ahora bien, ¿cuál es la diferencia entre un dragón invisible, incorpóreo y flotante que escupe un fuego que no quema y un dragón inexistente? Si no hay manera de refutar mi opinión, si no hay ningún experimento válido contra ella, ¿qué significa decir que mi dragón existe? Su incapacidad de invalidar mi hipótesis no equivale en absoluta a demostrar que es cierta. Las afirmaciones que no pueden probarse, las aseveraciones inmunes a la refutación son verdaderamente inútiles, por mucho valor que puedan tener para inspirarnos o excitar nuestro sentido de maravilla. Lo que yo he pedido que haga es acabar aceptando, en ausencia de pruebas, lo que yo digo.

Lo único que ha aprendido usted de mi insistencia en que hay un dragón en mi garaje es que estoy mal de la cabeza. Se preguntará, si no se puede aplicar ninguna prueba física, qué fue lo que me convenció. La posibilidad de que fuera un sueño o alucinación entraría ciertamente en su pensamiento. Pero entonces ¿por qué hablo tan en serio? A lo mejor necesito ayuda. Como mínimo, puede ser que haya infravalorado la falibilidad humana.

Imaginemos que, a pesar de que ninguna de las pruebas ha tenido éxito, usted desea mostrarse escrupulosamente abierto. En consecuencia, no rechaza de inmediato la idea de que haya un dragón que escupe fuego por la boca en mi garaje. Simplemente, la deja en suspenso. La prueba actual está francamente en contra pero, si surge algún nuevo dato, está dispuesto a examinarlo a ver si le convence. Seguramente es poco razonable por mi parte ofenderme porque no me cree; o criticarle por ser un pesado poco imaginativo... simplemente porque usted pronunció el veredicto escocés de "no demostrado".

Imaginemos que las cosas hubiesen sido de otro modo. El dragón es invisible, de acuerdo, pero aparecen huellas en la harina cuando usted mira. Su detector de infrarrojos registra algo. La pintura de spray revela una cresta dentada en el aire delante de usted. Por muy escéptico que se pueda ser en cuanto a la existencia de dragones – por no hablar de seres invisibles – ahora debe reconocer que aquí hay algo y que, en principio, es coherente con la idea de un dragón invisible que escupe fuego por la boca.

Ahora otro guión: imaginemos que no se trata sólo de mí. Imaginemos que varias personas que usted conoce, incluyendo algunos que está seguro que no se conocen entre ellas, le dicen que tienen dragones en sus garajes... pero en todos los casos la prueba es enloquecedoramente elusiva. Todos admitimos que nos perturba ser presas de una convicción tan extraña y tan poco sustentada por una prueba física. Ninguno de nosotros es un lunático. Especulamos con lo que significaría que hubiera realmente dragones escondidos en los garajes de todo el mundo y que los humanos acabáramos de enterarnos. Yo preferiría que no fuera verdad, francamente. Pero quizás todos aquellos mitos europeos y chinos antiguos sobre dragones no eran solamente mitos...

Es gratificante que ahora se informe de algunas huellas de las medidas del dragón en la harina. Pero nunca aparecen cuando hay un escéptico presente. Se plantea una explicación alternativa: tras un examen atento, parece claro que las huellas podían ser falsificadas. Otro entusiasta del dragón presenta una quemadura en el dedo y la atribuye a una extraña manifestación física del aliento de fuego del dragón. Pero también aquí hay otras posibilidades. Es evidente que hay otras maneras de quemarse los dedos además de recibir el aliento de dragones invisibles. Estas "pruebas", por muy importante que las consideren los defensores del dragón, son muy poco convincentes. Una vez más, el único enfoque sensato es rechazar provisionalmente la hipótesis del dragón y permanecer abierto a otros datos físicos futuros, y preguntarse cuál puede ser la causa de que tantas personas aparentemente sanas y sobrias compartan la misma extraña ilusión.

Carl Sagan – "El mundo y sus demonios"
Capítulo 10: "Un dragón en el garaje"
Editorial Planeta, 1995
(Ver enlaces de libros recomendados)


Publicado por El Primo Ralsa a 9:17 AM | Enlace permanente | 13 comentarios

Artículos foráneos

25 julio, 2005
Hora : 6:33 PM

Con la interesante carta de Richard Dawkins inicio una serie de publicaciones ajenas a mi autoría con el fín de ir alimentando un apartado en la bitácora (Artículos, precisamente) en el que deseo incluir escritos que considero importantes y clarificantes en esto del escepticismo y el pensamiento crítico, ya sean artículos de prensa o extractos de libros. Tengo claro que no todo el mundo se va a parar a leer los libros que recomiendo en el menú, así que si a alguien le resulta más fácil mirar los pequeños extractos será algo de indudable utilidad. Ni que decir tiene que citaré todas las fuentes donde yo los haya podido conseguir, que no pretendo pasar en ningún momento por autor de nada que no sea mío.

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Buenas y malas razones para creer (por Richard Dawkins)


Hora : 1:38 AM

Querida Juliet:

Ahora que has cumplido 10 años, quiero escribirte acerca de una cosa que para mi es muy importante. ¿Alguna vez te has preguntado cómo sabemos las cosas que sabemos? ¿Cómo sabemos, por ejemplo, que las estrellas que parecen pequeños alfilerazos en el cielo, son en realidad gigantescas bolas de fuego como el Sol, pero que están muy lejanas? ¿Y cómo sabemos que la Tierra es una bola más pequeña, que gira alrededor de esas estrellas, el Sol?

La respuesta a esas preguntas es "por la evidencia". A veces, "evidencia" significa literalmente ver (u oír, palpar, oler) que una cosa es cierta. Los astronautas se han alejado de la Tierra lo suficiente como para ver con sus propios ojos que es redonda. Otras veces, nuestros ojos necesitan ayuda. El "lucero del alba" parece un brillante centelleo en el cielo, pero con un telescopio podemos ver que se trata de una hermosa esfera: el planeta que llamamos Venus. Lo que aprendemos viéndolo directamente (u oyéndolo, palpándolo, etc.) se llama "observación".

Muchas veces, la evidencia no sólo es pura observación, pero siempre se basa en la observación. Cuando se ha cometido un asesinato, es corriente que nadie lo haya observado (excepto el asesino y la persona asesinada). Pero los investigadores pueden reunir otras muchas observaciones, que en un conjunto señalen a un sospechoso concreto. Si las huellas dactilares de una persona coinciden con las encontradas en el puñal, eso demuestra que dicha persona lo tocó. No demuestra que cometiera el asesinato, pero además pueda ayudar a demostrarlo si existen otras muchas evidencias que apunten a la misma persona. A veces, un detective se pone a pensar en un montón de observaciones y de repente se da cuenta que todas encajan en su sitio y cobran sentido si suponemos que fue Fulano el que cometió el asesinato.

Los científicos -especialistas en descubrir lo que es cierto en el mundo y el Universo- trabajan muchas veces como detectives. Hacen una suposición (ellos la llaman hipótesis) de lo que podría ser cierto. Y a continuación se dicen: si esto fuera verdaderamente así, deberíamos observar tal y cual cosa. A esto se llama predicción. Por ejemplo si el mundo fuera verdaderamente redondo, podríamos predecir que un viajero que avance siempre en la misma dirección acabará por llegar al mismo punto del que partió. Cuando el médico dice que tienes sarampión, no es que te haya mirado y haya visto el sarampión. Su primera mirada le proporciona una hipótesis: podrías tener sarampión. Entonces, va y se dice: "Si de verdad tiene el sarampión, debería ver...." y empieza a repasar toda su lista de predicciones, comprobándolas con los ojos (¿tienes manchas?), con las manos (¿tienes caliente la frente?) y con los oídos (¿te suena el pecho como suena cuando se tiene el sarampión?). Sólo entonces se decide a declarar "Diagnóstico que la niña tiene sarampión". A veces, los médicos necesitan realizar otras pruebas, como análisis de sangre o rayos x, para complementar las observaciones hechas con sus ojos, manos y oídos.

La manera en que los científicos utilizan la evidencia para aprender cosas del mundo es tan ingeniosa y complicada que no te la puedo explicar en una carta tan breve. Pero dejemos por ahora la evidencia, que es una buena razón para creer algo, porque quiero advertirte en contra de tres malas razones para creer cualquier cosa: se llaman "tradición", "autoridad" y "revelación".

Empecemos por la tradición. Hace unos meses estuve en televisión, charlando con unos 50 niños. Estos niños invitados habían sido educados en diferentes religiones: había cristianos, judíos, musulmanes, hindúes, sijs...El presentador iba con el micrófono de niño en niño, preguntándoles lo que creían. Lo que los niños decían demuestra exactamente lo que yo entiendo por "tradición". Sus creencias no tenían nada que ver con la evidencia. Se limitaban a repetir las creencias de sus padres y de sus abuelos, que tampoco estaban basadas en ninguna evidencia. Decían cosas como "los hindúes creemos tal y cual cosa", "los musulmanes creemos esto y lo otro", "los cristianos creemos otra cosa diferente".

Como es lógico, dado que cada uno creía cosas diferentes, era imposible que todos tuvieran razón.
Por lo visto, al hombre del micrófono esto le parecía muy bien, y ni siquiera los animó a discutir sus diferencias. Pero no es esto lo que me interesa de momento. Lo que quiero es preguntar de dónde habían salido sus creencias. Habían salido de la tradición. La tradición es la trasmisión de creencias de los abuelos a los padres, de los padres a los hijos, y así sucesivamente. O mediante libros que se siguen leyendo durante siglos. Muchas veces, las creencias tradicionales se originan casi de la nada: es posible que alguien las inventará en algún momento, como tuvo que ocurrir con las ideas de Thor y Zeus; pero cuando se han transmitido durante unos cuantos siglos, el hecho mismo de que sean muy antiguas las convierte en especiales. La gente cree ciertas cosas sólo porque mucha gente ha creído lo mismo durante siglos. Eso es la tradición.

El problema con la tradición es que, por muy antigua que sea una historia, es igual de cierta o de falsa que cuando se inventó la idea original. Si te inventas una historia que no es verdad, no se hará más verdadera porque se trasmita durante siglos, por muchos siglos que sean.

En Inglaterra, gran parte de la población ha sido bautizada en la Iglesia Anglicana, que no es más que una de las muchas ramas de la religión cristiana. Existen otras ramas, como la ortodoxa rusa, la católica romana y la metodista. Cada una cree cosas diferentes. La religión judía y la musulmana son un poco más diferentes, y también existen varias clases distintas de judíos y de musulmanes. La gente que cree una cosa está dispuesta a hacer la guerra contra los que creen cosas ligeramente distintas, de manera que se podrá pensar que tienen muy buenas razones -evidencias- para creer lo que creen. Pero lo cierto es que sus diferentes creencias se deben únicamente a diferentes tradiciones.

Vamos a hablar de una tradición concreta. Los católicos creen que María, la madre de Jesús, era tan especial que no murió, sino que fue elevada al cielo con su cuerpo físico Otras tradiciones cristianas discrepan, diciendo que María murió como cualquier otra persona. Estas otras religiones no hablan mucho de María, ni la llaman "Reina del cielo", como hacen los católicos. La tradición que afirma que el cuerpo de María fue elevado al cielo no es muy antigua. La Biblia no dice nada de cómo o cuándo murió; de hecho, a la pobre mujer apenas se la menciona en la Biblia. Lo de que su cuerpo fue elevado a los cielos no se inventó hasta unos seis siglos después de Cristo. Al principio, no era más que un cuento inventado, como Blancanieves o cualquier otro. Pero con el paso de los siglos se fue convirtiendo en una tradición y la gente empezó a tomársela en serio, sólo porque la historia se había ido transmitiendo a lo largo de muchas generaciones. Cuanto más antigua es una tradición, más en serió se la toma la gente. Y por fin, en tiempos muy recientes, se declaró que era una creencia oficial de la Iglesia Católica: esto ocurrió en 1950, cuando yo tenía la edad que tienes tú ahora. Pero la historia no era más verídica en 1950 que cuando se inventó por primera vez, seiscientos años después de la muerte de María.

Al final de esta carta volveré a hablar de la tradición, para considerarla de una manera diferente.
Pero antes tengo que hablarte de la otras dos malas razones para creer una cosa: la autoridad y la revelación.

La autoridad, como razón para creer algo, significa que hay que creer en ello porque alguien importante te dice que lo creas. En la Iglesia Católica, por ejemplo, la persona más importante es el Papa, y la gente cree que tiene que tener razón sólo porque es el Papa. En una de las ramas de la religión musulmana, las personas más importantes son unos ancianos barbudos llamados ayatolás. En nuestro país hay muchos musulmanes dispuestos a cometer asesinatos sólo porque los ayatolás de un país lejano les dicen que lo hagan.

Cuando te decía que en 1950 se dijo por fin a los católicos que tenían que creer en la asunción a los cielos del cuerpo de María, lo que quería decir es que en 1950 el Papa les dijo que tenían que creer en ello. Con eso bastaba. ¡El Papa decía que era verdad, luego tenía que ser verdad! Ahora bien, lo más probable es que, de todo lo que dijo el Papa a lo largo de su vida, algunas cosas fueron ciertas y otras no fueron ciertas. No existe ninguna razón válida para creer que todo lo que diga sólo porque es el Papa, del mismo modo que no tienes porque creer todo lo que te diga cualquier otra persona. El Papa actual ha ordenado a sus seguidores que no limiten el número de sus hijos. Si la gente sigue su autoridad tan ciegamente como a él le gustaría, el resultado sería terrible: hambre, enfermedades y guerras provocadas por la sobrepoblación.

Por supuesto, también en la ciencia ocurre a veces que no hemos visto personalmente la evidencia, y tenemos que aceptar la palabra de alguien. Por ejemplo, yo no he visto con mis propios ojos ninguna prueba de que la luz avance a una velocidad de 300.000 kilómetros por segundo, sin embargo, creo en los libros que me dicen la velocidad de la luz. Esto podría parecer "autoridad" pero en realidad es mucho mejor que la autoridad, porque la gente que escribió esos libros sí que había observado la evidencia, y cualquiera puede comprobar dicha evidencia siempre que lo desee. Esto resulta muy reconfortante. Pero ni siquiera los sacerdotes se atreven a decir que exista alguna evidencia de su historia acerca de la subida a los cielos del cuerpo de María.

La tercera mala razón para creer en las cosas se llama "revelación". Si en 1950 le hubieras podido preguntar al Papa cómo sabía que el cuerpo de María había ascendido al cielo, lo más probable es que te hubiera respondido que "se le había revelado". Lo que hizo fue encerrarse en su habitación y rezar pidiendo orientación. Había pensado y pensado, siempre sólo, y cada vez se sentía más convencido. Cuando las personas religiosas tienen la sensación interior de que una cosa es cierta, aunque no exista ninguna evidencia de que sea así, llaman a esa sensación "revelación". No sólo los Papas aseguran tener revelaciones. Las tienen montones de personas de todas las religiones, y es una de las principales razones por las que creen las cosas que creen. Pero ¿es una buena razón?

Supón que te digo que tu pero ha muerto. Te pondrías muy triste y probablemente me preguntarías: "¿Estás seguro? ¿Cómo lo sabes? ¿Cómo ha sucedido?" y supón que yo te respondo: "En realidad no sé que Pepe ha muerto. No tengo ninguna evidencia. Pero siento en mi interior la curiosa sensación de que ha muerto". Te enfadarías conmigo por haberte asustado, porque sabes que una "sensación" interior no es razón suficiente para creer que un lebrel ha muerto. Hacen falta pruebas. Todos tenemos sensaciones interiores de vez en cuando, y a veces resulta que son acertadas y otras veces no lo son. Está claro que dos personas distintas pueden tener sensaciones contrarias, de modo que ¿cómo vamos a decidir cuál de las dos acierta? La única manera de asegurarse que un perro está muerto es verlo muerto, oír que su corazón se ha parado, o que nos lo cuente alguien que haya visto u oído alguna evidencia real de que ha muerto.

A veces, la gente dice que hay que creer en las sensaciones internas, porque si no, nunca podrás confiar en cosas como "mi mujer me ama". Pero éste es un mal argumento. Puedes encontrar abundantes pruebas de que alguien te ama. Si estás con alguien que te quiere, durante todo el día estarás viendo y oyendo pequeños fragmentos de evidencia, que se van sumando. No se trata de una pura sensación interior, como la que los sacerdotes llaman revelación. Hay datos exteriores que confirman la sensación interior: miradas en los ojos, entonaciones cariñosas en la voz, pequeños favores y amabilidades; todo eso es autentica evidencia.

A veces, una persona siente una fuerte sensación interior de que alguien la ama sin basarse en ninguna evidencia, y en estos casos lo más probable es que esté completamente equivocada. Existen personas con una firme convicción interior de que una famosa estrella de cine las ama, aunque en realidad la estrellan siquiera las conoce. Esta clase de personas tienen la mente enferma. Las sensaciones interiores tienen que estar respaldadas por evidencias; si no, no podemos fiarnos de ellas.

Las intuiciones resultan muy útiles en la ciencia, pero sólo para darte ideas que luego hay que poner a prueba buscando evidencias. Un científico puede tener una "corazonada" acerca de una idea que, de momento, sólo "le parece" acertada. En sí misma. Ésta no es una buena razón para creer nada; pero sí que puede razón suficiente para dedicar algún tiempo a realizar un experimento concreto o buscar pruebas de una manera concreta. Los científicos utilizan constantemente sus sensaciones interiores para sacar ideas; pero estas ideas no valen nada si no se apoyan con evidencias.

Te prometí que volveríamos a lo de la tradición, para considerarla de una manera distinta. Me gustaría intentar explicar por qué la tradición es importante para nosotros. Todos los animales están construidos (por el proceso que llamamos evolución) para sobrevivir en el lugar donde su especie vive habitualmente. Los leones están equipados para sobrevivir en las llanuras de África. Los cangrejos de río están construidos para sobrevivir en agua dulce. También las personas somos animales, y estamos construidos para sobrevivir en un mundo lleno de... otras personas. La mayoría de nosotros no tienen que cazar su propia comida, como los leones y los bogavantes; se las compramos a otras personas, que a su vez se la compraron a otras. Nadamos en un "mar de gente". Lo mismo que el pez necesita branquias para sobrevivir en el agua, la gente necesita cerebros para poder tratar con otra gente. El mar de está lleno de agua salada, pero el mar de gente está lleno de cosas difíciles de aprender. Como el idioma.

Tú hablas inglés, pero tu amiga Ann-Kathrin habla alemán. Cada una de vosotras habla el idioma que le permite hablar en su "mar de gente". El idioma se transmite por tradición. No existe otra manera. En Inglaterra, tu perro Pepe es a dog. En Alemania, es ein Hund. Ninguna de estas palabras es más correcta o más verdadera que la otra. Las dos se transmiten de manera muy simple. Para poder nadar bien en su propio "mar de gente", los niños tienen que aprender el idioma de su país y otras muchas cosas acerca de su pueblo; y esto significa que tienen que absorber, como si fuera papel secante, una enorme cantidad de información tradicional (Recuerda que "información tradicional" significa, simplemente, cosas que se transmiten de abuelos a padres y de padres a hijos). El cerebro del niño tiene que absorber toda esta información tradicional, y no se puede esperar que el niño seleccione la información buena y útil, como las palabras del idioma, descartando la información falsa o estúpida, como creer en brujas, en diablos y en vírgenes inmortales.

Es una pena, pero no se puede evitar que las cosas sean así. Como los niños tienen que absorber tanta información tradicional, es probable que tiendan a creer todo lo que los adultos les dicen, sea cierto o falso, tengan razón o no. Muchas cosas que los adultos les dicen son ciertas y se basan en evidencias, o, por lo menos en el sentido común. Pero si les dicen algo que sea falso, estúpido o incluso maligno, ¿cómo pueden evitar que el niño se lo crea también? ¿Y que harán esos niños cuando lleguen a adultos? Pues seguro que contárselo a los niños de la siguiente generación. Y así, en cuanto la gente ha empezado a creerse una cosa -aunque sea completamente falsa y nunca existan razones para creérsela-, se puede seguir creyendo para siempre.

¿Podría ser esto lo que ha ocurrido con las religiones? Creer en uno o varios dioses, en el cielo, en la inmortalidad de María, en que Jesús no tuvo un padre humano, en que las oraciones son atendidas, en que el vino se transforma en sangre..., ninguna de estas creencias está respaldada por pruebas auténticas. Sin embargo, millones de personas las creen, posiblemente porque se les dijo que las creyeran cuando todavía eran suficientemente pequeñas como para creerse cualquier cosa.

Otros millones de personas creen en cosas diferentes, porque se les dijo que creyesen en ellas cuando eran niños. A los niños musulmanes se les dice cosas diferentes de las que se les dicen a los niños cristianos, y ambos grupos crecen absolutamente convencidos de que ellos tienen razón y los otros se equivocan. Incluso entre los cristianos, los católicos creen cosas diferentes de las que creen los anglicanos, los episcopalianos, los shakers, los cuáqueros, los mormones o los holly rollers, y todos están absolutamente convencidos de que ellos tienen razón y los otros están equivocados. Creen cosas diferentes exactamente por las mismas razones por las que tú hablas inglés y tu amiga Ann-Kathrin habla alemán. Cada una de los dos idiomas es el idioma correcto en su país. Pero de las religiones no se puede decir que cada una de ellas sea la correcta en su propio país, porque cada religión afirma cosas diferentes y contradice a las demás. María no puede estar viva en la católica Irlanda del Sur y muerta en la protestante Irlanda del Norte.

¿Qué se puede hacer con todo esto? A ti no te va a resultar fácil hacer nada, porque sólo tienes 10 años. Pero podrías probar una cosa: la próxima vez que alguien te diga algo que parezca importante piensa para tus adentros: "¿Es ésta una de esas cosas que la gente suele creer basándose en evidencias? ¿O es una de esas cosas que la gente cree por la tradición, autoridad o revelación?" Y la próxima vez que alguien te diga que una cosa es verdad, prueba a preguntarle "¿Qué pruebas existen de ello?" Y si no pueden darte una respuesta, espero que te lo pienses muy bien antes de creer una sola palabra de lo que te digan.

Te quiere,
Papá.

La presente carta a de Richard Dawkins a su hija Juliet apareció publicada en el libro "Así son las cosas" de editorial Debate. ISBN 84-8306-0361

Publicado por El Primo Ralsa a 1:38 AM | Enlace permanente | 8 comentarios

Un Comienzo

13 julio, 2005
Hora : 4:20 PM

Hay muchas citas célebres que describirían a las mil maravillas el profundo rechazo que me producen la superstición y la falta de raciocinio. Estarían muy bien para empezar, pero la que he elegido la dejaré para el final.
El mayor talento que posee el ser humano es su capacidad para pensar y para deducir verdades a través de la observación y el razonamiento. Por ello es notablemente asombroso el empeño que se ha puesto a lo largo de la Historia, incluso hoy día, en prescindir de esta facultad y sumirse en dogmas irracionales y férreas creencias fuera de toda lógica. Es como si un leopardo renunciase a correr, o un pájaro se negase a volar.
Ya es negativo de por si que gente no se guíe por la razón. El problema es que la superstición, las creencias ciegas y los dogmas derivan en fanatismo. Y el fanatismo, ya se sabe, deriva en falta de libertad y opresión. He leído mucho al respecto. He visitado muchos sitios web escépticos y he pensado si tenía algo que aportar de nuevo que no estuviese ya explicado y requetexplicado en todos los libros, webs y blogs que tratan sobre este tema. Mi conclusión es que, después de darle muchas vueltas, aunque abundan lugares en la red (y fuera de ella) donde informarse sobre el pensamiento crítico y donde poner alerta sobre supersticiones y pseudociencias, nunca sobrarán voces que lleguen a oídos de otros. Es por eso que me decidí finalmente a abrir este espacio. Lo que amigos míos, o amigos de mis amigos no leerían por no encontrarlo en otra parte pueden verlo aquí. Cierto es que en él se encontrarán cosas que ya han sido publicadas, razonamientos que ya han sido hechos, pero por otro lado cuantas más personas los repitan, y en más sitios, a más gente llegarán, y eso es bueno. Porque la pseudociencia y la superstición se extiende muy velozmente de la misma manera sin miedo a reiterarse una y otra vez.
Espero su participación.

"Quien no razona, es un fanático; quien no puede hacerlo, es un tonto; quien no se atreve, es un esclavo."
William Drummond

Publicado por El Primo Ralsa a 4:20 PM | Enlace permanente | 4 comentarios

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