Todo el mundo conoce su signo del zodíaco y el de sus allegados. Es habitual que se pregunte por el de otras personas como una característica de su vida tan normal como puedan ser la edad o el estado civil. Casi todos los periódicos que se editan contienen una sección de Horóscopo. En mi propio “blog” se genera el signo zodiacal en el perfil de usuario al insertar la fecha de nacimiento. Se presupone que eso dará datos acerca de mi personalidad.
La astrología está normalizada.
Es así porque ha estado presente en nuestro entorno desde nuestro nacimiento. La gente asume consuetudinariamente la astrología sin preguntarse cómo podría funcionar, sin conocer su presunto mecanismo. Ha estado ahí siempre de modo que ¿para qué preguntarse nada? Es algo parecido a lo que nos ocurre con la tecnología: como siempre ha estado con nosotros la utilizamos sin conocer, la mayoría de las veces, los mecanismos de su funcionamiento. Pero si, finalmente, nos hacemos las preguntas adecuadas, descubriremos que la diferencia radica en que se puede demostrar cómo funciona cuaquier aparato tecnológico que manejamos a lo largo de nuestras vidas, además de obtener un resultado palapable de su uso. Por el contrario, no podemos demostrar el mecanismo de la astrología y no obtenemos de la misma más que vaguedades ambiguas e interpretables.
Tengamos en cuenta que es una disciplina muy antigua, de los tiempos en que la ciencia apenas se había desarrollado y se llegaba a conclusiones falces del tipo “post hoc, ergo propter hoc“ (después de ésto, por tanto a cáusa de ésto). Sostiene que los astros y su posición durante nuestro nacimiento marcan nuestro carácter e influyen en nuestro futuro y que todo esto puede deducirse observando el zodíaco, que es el grupo de constelaciones que están sobre la eclíptica (la región del cielo sobre la que pasa el sol). La posición del sol en una constelación de la eclíptica define el signo astrológico de quien nazca en ese momento y, por consecuencia, su personalidad y su futuro. El gran problema,aparte de la vaguedad absoluta de los “resultados”, es que no da explicación alguna de cómo. Jamás astrólogo alguno ha detallado el mecanismo mediante el cual se produce esa influencia (en alguna ocasión astrólogos han buscado apoyo en conceptos científicos como la gravedad para justificar el poder de los astros, pero esos argumentos tienen poco peso como veremos más tarde). No obstante, si podemos explicar por qué no se produce.
La división de la eclíptica en doce partes iguales obedece a un capricho estático en un punto del pasado. En ese punto no se tenía en cuenta un par de detalles que echan por tierra las pretensiones veristas de los astrólogos. Una es la precesión de los equinoccios y otra la constelación de Ofiuco.
La precesión de los equinoccios (cambio de dirección del eje) es un fenómeno descubierto por Hiparco en el siglo II a.C. Se debe a un curioso movimiento de peonza de la Tierra. Este hace que la intersección del ecuador celeste con la eclíptica se desplace hacia atrás y tarde 25años en recuperar su posición inicial. Citando la Wikipedia:
La astrología está normalizada.
Es así porque ha estado presente en nuestro entorno desde nuestro nacimiento. La gente asume consuetudinariamente la astrología sin preguntarse cómo podría funcionar, sin conocer su presunto mecanismo. Ha estado ahí siempre de modo que ¿para qué preguntarse nada? Es algo parecido a lo que nos ocurre con la tecnología: como siempre ha estado con nosotros la utilizamos sin conocer, la mayoría de las veces, los mecanismos de su funcionamiento. Pero si, finalmente, nos hacemos las preguntas adecuadas, descubriremos que la diferencia radica en que se puede demostrar cómo funciona cuaquier aparato tecnológico que manejamos a lo largo de nuestras vidas, además de obtener un resultado palapable de su uso. Por el contrario, no podemos demostrar el mecanismo de la astrología y no obtenemos de la misma más que vaguedades ambiguas e interpretables.
Tengamos en cuenta que es una disciplina muy antigua, de los tiempos en que la ciencia apenas se había desarrollado y se llegaba a conclusiones falces del tipo “post hoc, ergo propter hoc“ (después de ésto, por tanto a cáusa de ésto). Sostiene que los astros y su posición durante nuestro nacimiento marcan nuestro carácter e influyen en nuestro futuro y que todo esto puede deducirse observando el zodíaco, que es el grupo de constelaciones que están sobre la eclíptica (la región del cielo sobre la que pasa el sol). La posición del sol en una constelación de la eclíptica define el signo astrológico de quien nazca en ese momento y, por consecuencia, su personalidad y su futuro. El gran problema,aparte de la vaguedad absoluta de los “resultados”, es que no da explicación alguna de cómo. Jamás astrólogo alguno ha detallado el mecanismo mediante el cual se produce esa influencia (en alguna ocasión astrólogos han buscado apoyo en conceptos científicos como la gravedad para justificar el poder de los astros, pero esos argumentos tienen poco peso como veremos más tarde). No obstante, si podemos explicar por qué no se produce.
La división de la eclíptica en doce partes iguales obedece a un capricho estático en un punto del pasado. En ese punto no se tenía en cuenta un par de detalles que echan por tierra las pretensiones veristas de los astrólogos. Una es la precesión de los equinoccios y otra la constelación de Ofiuco.
La precesión de los equinoccios (cambio de dirección del eje) es un fenómeno descubierto por Hiparco en el siglo II a.C. Se debe a un curioso movimiento de peonza de la Tierra. Este hace que la intersección del ecuador celeste con la eclíptica se desplace hacia atrás y tarde 25años en recuperar su posición inicial. Citando la Wikipedia:
(sic) "El polo norte forma con el polo de la eclíptica un ángulo de 23º 26' girando el polo norte celeste, en sentido retrógrado, alrededor de él en 25.780 años (fenómeno denominado Precesión de los equinoccios). Como consecuencia de ello:
* El polo norte celestese mueve en relación a las estrellas, siendo ahora la estrella polar alfa de la Osa Menor.
*
El Punto Aries, intersección del ecuador con la eclíptica, retrograda sobre el ecuador en el mismo periodo, es decir, 50,25" por año.
A principios de la Era Cristiana el Sol se proyectaba al comienzo de la primavera en la constelación de Aries. Actualmente, 2000 años después, ha girado un ángulo = 50,2511 x 2000 = 27,92º, proyectándose en Piscis".
Este fenómeno no es tenido en cuenta por los astrólogos a la hora de realizar las cartas astrales. Desde que en la época de Hiparco se eligieron estas constelaciones y se las hizo corresponder a cada uno de los meses del año, han transcurrido más o menos 2.140 años, que multiplicados por la variación anual de 50,4" de la precesión resultan unos 30o. Por tanto, desde aquella época, se ha desplazado el punto Aries una constelación prácticamente y cuando el Sol se encuentra en el Equinoccio de primavera, o sea, coincide con el Ecuador, la constelación sobre la que se proyecta no es la de Aries, sino la de Piscis."
Dentro de 12.00 años nuestra Estrella Polar va a ser la brillante Vega.
Un problema muy grande que deberían afrontar los creyentes de la astrología es la presencia de la constelación de Ofiuco en la eclíptica. Si Ofiuco está en la eclíptica...¿por qué no tiene su signo asociado, como sería lo lógico? Citaré con gusto de nuevo la Wikipedia:
(sic) "Ofiuco no está reconocida dentro del zodíaco debido a que, a pesar de que ya se conocía en la antigüedad cuando se formularon las reglas de la astrología, hace 3.000 años estaba lejos de la eclíptica. Pero con la precesión de los equinoccios se ha ido introduciendo entre Sagitario y Escorpio, de manera que durante la primera quincena de diciembre el Sol entra en este supuesto signo."
Antiguamente sólo se conocían cinco planetas y la Luna y el Sol, que se consideraban dentro de una misma categoría. Los planetas que hemos ido descubriendo últimamente, Urano, Neptuno, Plutón (incluso ahora Sedna y otro nuevo cuerpo mayor aún que Plutón), toda la gran cantidad de anteriormente desconocidas lunas de los planetas (sólo Júpiter tiene 61 entre mayores y menores, 21 de los cuales aún no tienen ni nombre), los cometas, los asteroides....¿no son acaso cuerpos celestes? ¿No cruzan y siempre han cruzado la eclíptica como el resto aunque no hubiera manera de verlos cuando se creó la astrología? Muchos astrólogos ignoran los nuevos cuerpos descubiertos y otros han actualizado sólo algunos a conveniencia chapuceando nuevas características sin justificación con lo que dan aún mayor inconsistencia a su disciplina y aumentan los argumentos a nuestro favor. Porque es más que lógico pensar que si los astros y su posición afectasen a nuestra personalidad y futuro deberían hacerlo todos y no los que casualmente sólo se conocían en la antigüedad.
Los efectos físicos puramente observables son a veces utilizados por algún astrólogo en apuros para explicar la presunta influencia de los astros sobre nosotros. ¿La gravedad, la luz y otras radiaciones que emiten o reflejan estos astros pueden condicionarnos? La luz y el electromagnetismo se alteran constantemente desde nuestro propio planeta con lo que su efecto sería anulado en una continua variación. Respecto a la gravedad, la fuerza con la que se atraen dos cuerpos es directamente proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que separa sus centros, por lo que la fuerza que ejerce cualquier cuerpo cercano a nosotros al nacer, es mucho más significativo que la de un planeta o estrella por grande que sea, dada su lejanía. Simplificando: cualquier cuerpo situado a nuestro lado en el momento de nacer tendría más importancia que la del planeta más grande (también es falsa la presunta influencia de la luna en las personas y los nacimientos, pero eso es materia para otro artículo). Además, si la gravedad fuese importante habría que tener en cuenta la posición de los planetas fuera de la eclíptica y su posición respecto al otro lado de la orbita alrededor del Sol, y eso nunca se hace. Por otra parte, todos esos cuerpos celestes que se han ido descubriendo a lo largo de el último siglo...¿No tienen fuerza de gravedad que nunca había sido tomada en consideración?
Carl Sagan expone en su obra "El Cosmos" la obvia prueba de los gemelos. Dos gemelos nacidos exactamente en el mismo momento tendrán necesariamente el mismo signo del zodíaco. Sagan especula con la existencia de gemelos que hayan seguido vidas separadas muy dispares, que los hay. Es un argumento en el que me siento especialmente cómodo porque conozco un caso así. Dos mujeres gemelas cuya vida siempre ha discurrido por senderos muy diferentes y cuyos caracteres, gustos, reacciones, en definitiva formas de ser, son tan opuestas como pueda imaginarse sin caer en la exageración. Si el zodíaco define a la persona y su futuro...¿cómo es esto posible? Fuera de mi conocimiento directo se sabe de casos en que los gemelos han tenido futuros tan distintos como que uno sufrió una accidente mortal y otro llegó a venerable tardía vejez.
La persona que yo conozco con gemela diametralmente opuesta cree, pese a todo, en la astrología y ante mi observación sobre la inconsistencia al respecto respondió buscando una vía de escape: (sic) "somos piscis y observarás que un pez mira a un lado y el otro a otro". La respuesta evidencia la mayor falta de solidez de un argumento a favor de la astrología porque no existen formas de peces en el cielo, las ponemos nosotros. El nombre que les damos a las constelaciones deriva de cómo las percibimos visualmente al unir en nuestra mente los puntos que las estrellas que las conforman, como en un pasatiempos. Eso es una subjetividad cultural en ocasiones heredera de las mitologías clásicas y donde unas culturas ven, por ejemplo, una osa, otras veían un carro, otras un arado y otras un cucharón. No hay formas en el cielo, las imaginamos completando a nuestro gusto los puntos, asignándoles una forma . El hecho es que las estrellas no están en el mismo plano, y la bidimensionalidad que percibimos es una ilusión. No hay pues dibujo de dos peces mirando a lados opuestos, ni balanzas que justifiquen ser una persona equilibrada, de modo que el hecho de atribuir a los signos características debido a la forma que algunos quisieron ver en su constelación está absolutamente fuera de lógica, porque otros podían ver algo totalmente opuesto. Además la posición de las estrellas entre sí varía con el tiempo, con lo que los dibujos que creemos ver al unir los puntos se deshacen con los siglos para formar los nuevos que los futuros observdores crean percibir.
Si una parcela de la ciencia sufriese unos argumentos tan contundentes en su contra sería puesta en la picota por todo el mundo sin mayores contemplaciones (la propia comunidad científica lo haría). Sin embargo, teniendo a su alcance estas evidencias todavía abundan las personas que creen en la astrología. ¡Y las que la ejercen, sobre todo! Una cosa lleva a la otra. Hacer dinero con la astrología sale muy barato. Todos los misterios son sensibles de un notable desarrollo mediático social porque son fuentes fáciles e inagotables de ingresos y obtienen el parabién de la gente que lo paga por ciertas razones: les crea esperanzas y les hace sentir seguros dándoles una sensación de estructuración, de orden y ofreciéndo la posibilidad de cómo orientar su vida a través de una guía práctica de consulta. Además no acaba de defraudar porque, como dije en un principio, se nutre de vaguedades que los ansiosos creyentes se encargan de hacer coincidir ellos mismos con los aspectos de su persona y los acontecimientos que van ocurriendo en sus vidas, celebrando las coincidencias y olvidando y despreciando los errores. Abandonando la lógica en resumen.
Gracias a las siguientes webs:
* Antón Urirte
* Guillermo Giménez de Castro
Etiquetas: astrología, horóscopo, precesión, zodíaco















































