Hay una corriente crítica y escéptica desde hace ya tiempo en el ámbito del ecologismo. Pero ¡ojo!... este escepticismo ante las posturas ecologistas no consiste, como pueda pensarse en principio, en negar o dudar de la existencia de problemas como la contaminación medioambiental, el exceso de efecto invernadero u otros conflictos derivados de la industrialización de la sociedad humana. Nada de eso, es obvio que esos problemas existen como otros tantos en el mundo. Se trata más bien del grado en que existen, de cómo evolucionan, a qué nivel afectan realmente y cómo debemos enfrentarnos a ellos.Cuando se emplaza ser escéptico en este tema lo que quiere decir es que hay que ser consciente del enorme potencial amarillista que tiene el tema en cuestión y de la necesidad de un análisis objetivo y serio de los problemas ambientales y del movimiento ecologista que ha nacido y crecido a raíz de ellos.
Respecto al primer punto, hay una cierta similitud entre pretender llamar la atención informativa sobre un fenómeno paranormal y hacerlo sobre uno simplemente inusual. Los desastres (naturales o artificiales) tienen una repercusión mediática muy grande, despiertan el morbo y la curiosidad masiva y, como suceso fuera de nuestro control, se prestan a elucubraciones sin base que a veces desembocan en la propia magufada, sea ésta paranormal o cospiranoica (como ejemplo me viene a la cabeza que alguien afirmó que el huracán Katrina había sido originado por un arma de fabricación soviética).Respecto al segundo, se ha ido gestando una especie de religión ecologista, con dogma propio e indiscutible que todos dan por cierto tal y como es predicado y que nadie está dispuesto a discutir y/o matizar porque tal discusión atentaría contra los principios básicos de ese mismo dogma apelando a ese progresismo asumido tan cacareado últimamente: "Si eres bueno y concienciad no puedes no ser ecologista" parece ser la consigna. Es decir, es políticamente correcto en sentido estricto considerarse ecologista. Pero...¿qué significa ser ecologista? ¿Es ecologista el que cree que ha de cuidarse nuestro mundo porque de ello depende nuestro futuro? Porque, francamente, opino que en ese caso pocos no-ecologistas habrá. ¿O tal vez ser ecologista sólo significa ser miembro con carnét de una asociación activista con respecto al principio que acabo de comentar?
He sido protagonista de varias conversaciones en las que mis contertulios hacían una ciega apología ecologista asumiendo todos los argumentos que esgrimen ésas asociaciones a través de una única fuente, la propia asociación, sin haber contrastado ni una sóla línea de información al respecto. Otros, lo más, se enzarzan en los coloquios con los únicos datos de las noticias que explotan oportunamente la televisión y la prensa a raíz del desastre de turno.
En esta ocasión, dado que pretendo escribir sobre escepticismo ecológico más veces, enlazo en cierto modo con la anterior entrada de esta bitácora al llamarme poderosamente la atención la satanización de la ciencia que el enfoque ecologista pretende hacer, falazmente por supuesto, responsabilizándola junto a toda la comunidad científica de los problemas medioambientales, existan o no. Y de la satanización de la ciencia a la magufada manifiesta hay una fina línea. Y de ahí al oscurantismo...ya saben.
He enlazado algunos artículos nacidos de esta corriente ecologista escéptica que expresan esta idea a las mil maravillas:
>>Parece extraño que una organización que alardea de capacidad y experiencia científica se yerga como un ariete destructor contra la tecnología moderna; pero las cosas se hacen un poco más claras cuando echamos una mirada a la clase de "ciencia" que Greenpeace se refiere. Siempre hizo hincapié en la necesidad de que se realice un "cambio paradigmático" en la manera en que la gente ve su relación con la Tierra. De acuerdo a Greenpeace, el viejo y desacreditado punto de vista está apoyado por un conjunto de ideas que incluye "la creencia en un progreso material ilimitado que se obtiene a través del desarrollo económico y tecnológico"(2). La Nueva Visión apoyada por Greenpeace propone la ruptura con la concepción Judeo-Cristiana de la civilización como manera de conseguir la verdad científica:
"Rompiendo con la tradición científica que hasta ahora ha dominado y dado forma a nuestra relación con la Tierra, el nuevo paradigma incorpora el respeto por el mundo natural, más allá de su simple utilidad para los humanos. Permite la existencia de ciclos y fuerzas fuera del alcance de detección de nuestros equipos mecánicos, nuestros sensores y diales. En breve, nos permite conocer y creer en un entorno mucho más grande que el campo que conocemos como científico ".
El artículo sigue diciendo, "En última instancia, una profunda conciencia ecológica es una conciencia espiritual." ¿Y que clase de conciencia espiritual es la que se describe? Son las mismas ideas New Age que se han convertido en la religión pagana de los ecologistas de hoy. En lugar de Dios y el Hombre, creado a su Imagen y Semejanza, tenemos ahora al nuevo dios, Gaia, la diosa de la Tierra. En vez de ser sagrada la vida humana, es la Tierra la sagrada, y el hombre debe apaciguar a Gaia subordinándose al dominio de la naturaleza, tal como lo define la "profunda conciencia ecológica". El crecimiento del ecologismo durante los últimos 20 años ha impulsado la irracionalidad en nuestra cultura, hasta el punto que publicaciones de amplia difusión promueven las prácticas esotéricas y aún las satánicas.
(...)
¿Cuál es, entonces, el principio operativo del nuevo paradigma de Greenpeace? Si todos esos ciclos y fuerzas no pueden ser encarados por medios científicos, entonces se hace muy obvio que la existencia de ciertos fenómenos no tienen que se probados científicamente. El agujero del ozono deja entonces de ser un fenómeno de origen natural documentado ya en 1956 por George Dobson; es ahora una amenaza que extinguirá a la vida sobre este planeta. El Calentamiento Global requiere de grandes cortes en el consumo de energía; no importa que no exista evidencia científica que apoye esta teoría. O sino, qué tal la advertencia que un vocero de Greenpeace le hizo a una asamblea de una escuela secundaria en Ontario, Canadá: el cuerpo humano está tan contaminado por productos químicos que en tres años más sería ilegal la cremación de seres humanos, porque la cremación violaría las regulaciones de emisión de contaminantes! Desgraciadamente, Greenpeace ayudó a que la irracionalidad y la superstición de la Edad Media estén nuevamente en carrera.
Greenpeace mismo ha admitido en sus publicaciones que sus primitivos activistas consultan de manera regular las cartas Tarot, el I Ching y las viejas tabletas Aztecas pero, advierte, que estos desvaríos místicos no interfieren para nada sino que más bien le agrega combustible a las muy bien focalizadas campañas de la organización en contra de las bases de la civilización occidental. De acuerdo a Robert Hunter, miembro fundador de Greenpeace, "Nosotros disparamos imágenes, en vez de misiles, bombas de tiempo mentales transmitidas por la prensa mundial."<<
Leer el artículo entero aquí.
Por otro lado podemos observar, aterrados, como el ecologismo, en efecto, también (como tantas cosas en este mundo) se puede aproximar por peligrosos derroteros a convertirse en una doctrina fundamentalista de las más nefastas. El objeto de una reivindicación inicial se eleva a categoría de altar, se supera y llegado un momento ya no se intenta conservar como herencia a nuestras futuras generaciones, sino como fín en si mismo dónde el hombre no cuenta, es más, estorba. El discurso se vuelve radical. Es una muestra más de cómo cuando no se someten las cosas al pensamiento crítico y la razón se acaba desembocando en el fanatismo más cerval, donde lo único a considerar es el credo profesado, caiga quien caiga. Literalmente.
Aclarar, antes de enlazarles a un interesante artículo que puede ilustrarles al respecto, que no pretendo en modo alguno, aunque algún comentarista se las prometa tan felices, extender la crítica ni el contenido de los artículos a todos los ecologistas ni al ecologismo como movimiento en abstracto. Tan sólo es una llamada racional para prevenir la radicalizacón, dogmatización y, por ende, desperdicio de una idea que, utilizando el pensamiento crítico, pueden ser notablemente positivas.
Aclarar, antes de enlazarles a un interesante artículo que puede ilustrarles al respecto, que no pretendo en modo alguno, aunque algún comentarista se las prometa tan felices, extender la crítica ni el contenido de los artículos a todos los ecologistas ni al ecologismo como movimiento en abstracto. Tan sólo es una llamada racional para prevenir la radicalizacón, dogmatización y, por ende, desperdicio de una idea que, utilizando el pensamiento crítico, pueden ser notablemente positivas.
World Wide Fraude...una historia poco conocida
>>La bomba que destruyó al edificio federal de Oklahoma City hizo pasar casi desapercibida a la muerte de un funcionario de la Asociación Forestal de Sacramento, California, que se produjo cuando el 24 de Abril de 1995 intentó abrir un paquete que resultó ser una carta-bomba. La Asociación Forestal de California es una organización sin fines de lucro que representa a empresas de productores madereros y de propietarios de tierras forestales.
Aunque nadie revindicó al envío de la bomba, los investigadores del FBI la atribuyeron a un notorio militante ecologista de la organización eco-terrorista Earth First! que ha cometido ya más de 16 atentados de este tipo en los últimos cuatro años. Los investigadores sacaron a luz cartas que el ecologista había enviado a los periódicos en diversas oportunidades, en donde expresa que su accionar «está destinado a destruir a la civilización industrial y a detener el desarrollo tecnológico de occidente», de acuerdo a lo informado por la cadena de televisión CNN. Además indicaba que, «por motivos de seguridad, no explicaría cuales serían los próximos pasos de su grupo, pero que estaban seguros de que el FBI jamás los podrían descubrir. El FBI es una risa».
Finalmente, el terrorista conocido como Unabomber (Un - por haber enviado bombas a las Universidades, a: por haber hecho lo mismo con líneas de aviación) resultó ser Richard Katzsinski, un ex-profesor de matemáticas, detenido por el FBI en Marzo de 1997. Mediante el chantaje terrorista consiguió que los diarios New York Times y Washington Post publicaran una edición especial con un extenso manifiesto ecologista donde condena a la ciencia y a la tecnología. Esta actitud asumida por los diarios fue criticada por el resto de la prensa norteamericana que se oponía a rendirse al chantaje terrorista. La clara postura ecologista a ultranza de ambos diarios norteamericanos no les permitía perder la oportunidad de publicar una alegato tan favorable a la Causa. Etica Periodística vs. intereses corporativos.
No se trata este de un hecho aislado ni de reciente aparición. El ecoterrorismo tiene ya muchos años de accionar en el mundo occidental y al respecto se recuerdan casos como los informados por diversas agencias noticiosas:
«EFE, 11/11/ 78: La policía de Madrid detuvo a nueve integrantes del Grupo Acción Directa Ecologista, sospechosos de atentados e incendios de tiendas de artículos de caza, armería, peleterías, curtiembres y restaurantes donde sirven perdices, jabalí, ciervo y sopas de tortuga. Los terroristas del GADE, a quien se incautó panes de nitroglicerina, granadas, pistolas y municiones, planeaban aparentemente, secuestrar a cazadores adinerados y, con el rescate, adquirir espacios en TV para así divulgar la Ecología y el proteccionismo de los animales en extinción.»
Es de notar el hecho que todos los atentados dirigidos a la comunidad maderera de los EEUU están fundados en la intención declarada de proteger al búho manchado (spotted owl) que habita en los bosques del estado de Washington y Oregon.
Los atentados ecoterroristas son numerosos y han causado muchísimas muertes de operarios de maquinaria, leñadores, guardianes de zoológicos, científicos dedicados a la experimentación en animales, además de un elevadísimo número de heridos, muchos de los cuales han quedado con invalidez permanente. Una pregunta que se hacen muchos analistas es cuál es el fin verdadero que se oculta detrás de la declarada intención de proteger a los animales en vías de extinción. Las investigaciones realizadas por algunas organizaciones que ven al ecoterrorismo como un peligro cierto, no sólo para la seguridad de la población en general, sino también para el desarrollo de tecnologías y actividades que contribuyen a un mejoramiento de las condiciones de vida y salubridad de las naciones.<<
Aunque nadie revindicó al envío de la bomba, los investigadores del FBI la atribuyeron a un notorio militante ecologista de la organización eco-terrorista Earth First! que ha cometido ya más de 16 atentados de este tipo en los últimos cuatro años. Los investigadores sacaron a luz cartas que el ecologista había enviado a los periódicos en diversas oportunidades, en donde expresa que su accionar «está destinado a destruir a la civilización industrial y a detener el desarrollo tecnológico de occidente», de acuerdo a lo informado por la cadena de televisión CNN. Además indicaba que, «por motivos de seguridad, no explicaría cuales serían los próximos pasos de su grupo, pero que estaban seguros de que el FBI jamás los podrían descubrir. El FBI es una risa».
Finalmente, el terrorista conocido como Unabomber (Un - por haber enviado bombas a las Universidades, a: por haber hecho lo mismo con líneas de aviación) resultó ser Richard Katzsinski, un ex-profesor de matemáticas, detenido por el FBI en Marzo de 1997. Mediante el chantaje terrorista consiguió que los diarios New York Times y Washington Post publicaran una edición especial con un extenso manifiesto ecologista donde condena a la ciencia y a la tecnología. Esta actitud asumida por los diarios fue criticada por el resto de la prensa norteamericana que se oponía a rendirse al chantaje terrorista. La clara postura ecologista a ultranza de ambos diarios norteamericanos no les permitía perder la oportunidad de publicar una alegato tan favorable a la Causa. Etica Periodística vs. intereses corporativos.
No se trata este de un hecho aislado ni de reciente aparición. El ecoterrorismo tiene ya muchos años de accionar en el mundo occidental y al respecto se recuerdan casos como los informados por diversas agencias noticiosas:
«EFE, 11/11/ 78: La policía de Madrid detuvo a nueve integrantes del Grupo Acción Directa Ecologista, sospechosos de atentados e incendios de tiendas de artículos de caza, armería, peleterías, curtiembres y restaurantes donde sirven perdices, jabalí, ciervo y sopas de tortuga. Los terroristas del GADE, a quien se incautó panes de nitroglicerina, granadas, pistolas y municiones, planeaban aparentemente, secuestrar a cazadores adinerados y, con el rescate, adquirir espacios en TV para así divulgar la Ecología y el proteccionismo de los animales en extinción.»
Es de notar el hecho que todos los atentados dirigidos a la comunidad maderera de los EEUU están fundados en la intención declarada de proteger al búho manchado (spotted owl) que habita en los bosques del estado de Washington y Oregon.
Los atentados ecoterroristas son numerosos y han causado muchísimas muertes de operarios de maquinaria, leñadores, guardianes de zoológicos, científicos dedicados a la experimentación en animales, además de un elevadísimo número de heridos, muchos de los cuales han quedado con invalidez permanente. Una pregunta que se hacen muchos analistas es cuál es el fin verdadero que se oculta detrás de la declarada intención de proteger a los animales en vías de extinción. Las investigaciones realizadas por algunas organizaciones que ven al ecoterrorismo como un peligro cierto, no sólo para la seguridad de la población en general, sino también para el desarrollo de tecnologías y actividades que contribuyen a un mejoramiento de las condiciones de vida y salubridad de las naciones.<<
Leer artículo entero aquí.
Para saber más:
Faec, ecología: mitos y fraudes
El ecologista escéptico, de Bjørn Lomborg
















































