http://www.blogger.com/template-edit.g?blogID=19947637 LA HABITACION CERRADA: Cuando el ecologismo deviene en fundamentalismo
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Nombre: El Primo Ralsa
Lugar: Oviedo, Asturias, Spain


Cuando el ecologismo deviene en fundamentalismo

12 diciembre, 2005
Hora : 1:01 PM

Hay una corriente crítica y escéptica desde hace ya tiempo en el ámbito del ecologismo. Pero ¡ojo!... este escepticismo ante las posturas ecologistas no consiste, como pueda pensarse en principio, en negar o dudar de la existencia de problemas como la contaminación medioambiental, el exceso de efecto invernadero u otros conflictos derivados de la industrialización de la sociedad humana. Nada de eso, es obvio que esos problemas existen como otros tantos en el mundo. Se trata más bien del grado en que existen, de cómo evolucionan, a qué nivel afectan realmente y cómo debemos enfrentarnos a ellos.
Cuando se emplaza ser escéptico en este tema lo que quiere decir es que hay que ser consciente del enorme potencial amarillista que tiene el tema en cuestión y de la necesidad de un análisis objetivo y serio de los problemas ambientales y del movimiento ecologista que ha nacido y crecido a raíz de ellos.
Respecto al primer punto, hay una cierta similitud entre pretender llamar la atención informativa sobre un fenómeno paranormal y hacerlo sobre uno simplemente inusual. Los desastres (naturales o artificiales) tienen una repercusión mediática muy grande, despiertan el morbo y la curiosidad masiva y, como suceso fuera de nuestro control, se prestan a elucubraciones sin base que a veces desembocan en la propia magufada, sea ésta paranormal o cospiranoica (como ejemplo me viene a la cabeza que alguien afirmó que el huracán Katrina había sido originado por un arma de fabricación soviética).
Respecto al segundo, se ha ido gestando una especie de religión ecologista, con dogma propio e indiscutible que todos dan por cierto tal y como es predicado y que nadie está dispuesto a discutir y/o matizar porque tal discusión atentaría contra los principios básicos de ese mismo dogma apelando a ese progresismo asumido tan cacareado últimamente: "Si eres bueno y concienciad no puedes no ser ecologista" parece ser la consigna. Es decir, es políticamente correcto en sentido estricto considerarse ecologista. Pero...¿qué significa ser ecologista? ¿Es ecologista el que cree que ha de cuidarse nuestro mundo porque de ello depende nuestro futuro? Porque, francamente, opino que en ese caso pocos no-ecologistas habrá. ¿O tal vez ser ecologista sólo significa ser miembro con carnét de una asociación activista con respecto al principio que acabo de comentar?
He sido protagonista de varias conversaciones en las que mis contertulios hacían una ciega apología ecologista asumiendo todos los argumentos que esgrimen ésas asociaciones a través de una única fuente, la propia asociación, sin haber contrastado ni una sóla línea de información al respecto. Otros, lo más, se enzarzan en los coloquios con los únicos datos de las noticias que explotan oportunamente la televisión y la prensa a raíz del desastre de turno.
En esta ocasión, dado que pretendo escribir sobre escepticismo ecológico más veces, enlazo en cierto modo con la anterior entrada de esta bitácora al llamarme poderosamente la atención la satanización de la ciencia que el enfoque ecologista pretende hacer, falazmente por supuesto, responsabilizándola junto a toda la comunidad científica de los problemas medioambientales, existan o no. Y de la satanización de la ciencia a la magufada manifiesta hay una fina línea. Y de ahí al oscurantismo...ya saben.
He enlazado algunos artículos nacidos de esta corriente ecologista escéptica que expresan esta idea a las mil maravillas:


>>Parece extraño que una organización que alardea de capacidad y experiencia científica se yerga como un ariete destructor contra la tecnología moderna; pero las cosas se hacen un poco más claras cuando echamos una mirada a la clase de "ciencia" que Greenpeace se refiere. Siempre hizo hincapié en la necesidad de que se realice un "cambio paradigmático" en la manera en que la gente ve su relación con la Tierra. De acuerdo a Greenpeace, el viejo y desacreditado punto de vista está apoyado por un conjunto de ideas que incluye "la creencia en un progreso material ilimitado que se obtiene a través del desarrollo económico y tecnológico"(2). La Nueva Visión apoyada por Greenpeace propone la ruptura con la concepción Judeo-Cristiana de la civilización como manera de conseguir la verdad científica:

"Rompiendo con la tradición científica que hasta ahora ha dominado y dado forma a nuestra relación con la Tierra, el nuevo paradigma incorpora el respeto por el mundo natural, más allá de su simple utilidad para los humanos. Permite la existencia de ciclos y fuerzas fuera del alcance de detección de nuestros equipos mecánicos, nuestros sensores y diales. En breve, nos permite conocer y creer en un entorno mucho más grande que el campo que conocemos como científico ".

El artículo sigue diciendo, "En última instancia, una profunda conciencia ecológica es una conciencia espiritual." ¿Y que clase de conciencia espiritual es la que se describe? Son las mismas ideas New Age que se han convertido en la religión pagana de los ecologistas de hoy. En lugar de Dios y el Hombre, creado a su Imagen y Semejanza, tenemos ahora al nuevo dios, Gaia, la diosa de la Tierra. En vez de ser sagrada la vida humana, es la Tierra la sagrada, y el hombre debe apaciguar a Gaia subordinándose al dominio de la naturaleza, tal como lo define la "profunda conciencia ecológica". El crecimiento del ecologismo durante los últimos 20 años ha impulsado la irracionalidad en nuestra cultura, hasta el punto que publicaciones de amplia difusión promueven las prácticas esotéricas y aún las satánicas.
(...)
¿Cuál es, entonces, el principio operativo del nuevo paradigma de Greenpeace? Si todos esos ciclos y fuerzas no pueden ser encarados por medios científicos, entonces se hace muy obvio que la existencia de ciertos fenómenos no tienen que se probados científicamente. El agujero del ozono deja entonces de ser un fenómeno de origen natural documentado ya en 1956 por George Dobson; es ahora una amenaza que extinguirá a la vida sobre este planeta. El Calentamiento Global requiere de grandes cortes en el consumo de energía; no importa que no exista evidencia científica que apoye esta teoría. O sino, qué tal la advertencia que un vocero de Greenpeace le hizo a una asamblea de una escuela secundaria en Ontario, Canadá: el cuerpo humano está tan contaminado por productos químicos que en tres años más sería ilegal la cremación de seres humanos, porque la cremación violaría las regulaciones de emisión de contaminantes! Desgraciadamente, Greenpeace ayudó a que la irracionalidad y la superstición de la Edad Media estén nuevamente en carrera.

Greenpeace mismo ha admitido en sus publicaciones que sus primitivos activistas consultan de manera regular las cartas Tarot, el I Ching y las viejas tabletas Aztecas pero, advierte, que estos desvaríos místicos no interfieren para nada ­ sino que más bien le agrega combustible ­a las muy bien focalizadas campañas de la organización en contra de las bases de la civilización occidental. De acuerdo a Robert Hunter, miembro fundador de Greenpeace, "Nosotros disparamos imágenes, en vez de misiles, ­ bombas de tiempo mentales transmitidas por la prensa mundial."<<

Leer el artículo entero aquí.

Por otro lado podemos observar, aterrados, como el ecologismo, en efecto, también (como tantas cosas en este mundo) se puede aproximar por peligrosos derroteros a convertirse en una doctrina fundamentalista de las más nefastas. El objeto de una reivindicación inicial se eleva a categoría de altar, se supera y llegado un momento ya no se intenta conservar como herencia a nuestras futuras generaciones, sino como fín en si mismo dónde el hombre no cuenta, es más, estorba. El discurso se vuelve radical. Es una muestra más de cómo cuando no se someten las cosas al pensamiento crítico y la razón se acaba desembocando en el fanatismo más cerval, donde lo único a considerar es el credo profesado, caiga quien caiga. Literalmente.
Aclarar, antes de enlazarles a un interesante artículo que puede ilustrarles al respecto, que no pretendo en modo alguno, aunque algún comentarista se las prometa tan felices, extender la crítica ni el contenido de los artículos a todos los ecologistas ni al ecologismo como movimiento en abstracto. Tan sólo es una llamada racional para prevenir la radicalizacón, dogmatización y, por ende, desperdicio de una idea que, utilizando el pensamiento crítico, pueden ser notablemente positivas.

World Wide Fraude...una historia poco conocida

>>La bomba que destruyó al edificio federal de Oklahoma City hizo pasar casi desapercibida a la muerte de un funcionario de la Asociación Forestal de Sacramento, California, que se produjo cuando el 24 de Abril de 1995 intentó abrir un paquete que resultó ser una carta-bomba. La Asociación Forestal de California es una organización sin fines de lucro que representa a empresas de productores madereros y de propietarios de tierras forestales.

Aunque nadie revindicó al envío de la bomba, los investigadores del FBI la atribuyeron a un notorio militante ecologista de la organización eco-terrorista Earth First! que ha cometido ya más de 16 atentados de este tipo en los últimos cuatro años. Los investigadores sacaron a luz cartas que el ecologista había enviado a los periódicos en diversas oportunidades, en donde expresa que su accionar «está destinado a destruir a la civilización industrial y a detener el desarrollo tecnológico de occidente», de acuerdo a lo informado por la cadena de televisión CNN. Además indicaba que, «por motivos de seguridad, no explicaría cuales serían los próximos pasos de su grupo, pero que estaban seguros de que el FBI jamás los podrían descubrir. El FBI es una risa».

Finalmente, el terrorista conocido como Unabomber (Un - por haber enviado bombas a las Universidades, a: por haber hecho lo mismo con líneas de aviación) resultó ser Richard Katzsinski, un ex-profesor de matemáticas, detenido por el FBI en Marzo de 1997. Mediante el chantaje terrorista consiguió que los diarios New York Times y Washington Post publicaran una edición especial con un extenso manifiesto ecologista donde condena a la ciencia y a la tecnología. Esta actitud asumida por los diarios fue criticada por el resto de la prensa norteamericana que se oponía a rendirse al chantaje terrorista. La clara postura ecologista a ultranza de ambos diarios norteamericanos no les permitía perder la oportunidad de publicar una alegato tan favorable a la Causa. Etica Periodística vs. intereses corporativos.

No se trata este de un hecho aislado ni de reciente aparición. El ecoterrorismo tiene ya muchos años de accionar en el mundo occidental y al respecto se recuerdan casos como los informados por diversas agencias noticiosas:

«EFE, 11/11/ 78: La policía de Madrid detuvo a nueve integrantes del Grupo Acción Directa Ecologista, sospechosos de atentados e incendios de tiendas de artículos de caza, armería, peleterías, curtiembres y restaurantes donde sirven perdices, jabalí, ciervo y sopas de tortuga. Los terroristas del GADE, a quien se incautó panes de nitroglicerina, granadas, pistolas y municiones, planeaban aparentemente, secuestrar a cazadores adinerados y, con el rescate, adquirir espacios en TV para así divulgar la Ecología y el proteccionismo de los animales en extinción.»

Es de notar el hecho que todos los atentados dirigidos a la comunidad maderera de los EEUU están fundados en la intención declarada de proteger al búho manchado (spotted owl) que habita en los bosques del estado de Washington y Oregon.

Los atentados ecoterroristas son numerosos y han causado muchísimas muertes de operarios de maquinaria, leñadores, guardianes de zoológicos, científicos dedicados a la experimentación en animales, además de un elevadísimo número de heridos, muchos de los cuales han quedado con invalidez permanente. Una pregunta que se hacen muchos analistas es cuál es el fin verdadero que se oculta detrás de la declarada intención de proteger a los animales en vías de extinción. Las investigaciones realizadas por algunas organizaciones que ven al ecoterrorismo como un peligro cierto, no sólo para la seguridad de la población en general, sino también para el desarrollo de tecnologías y actividades que contribuyen a un mejoramiento de las condiciones de vida y salubridad de las naciones.<<

Leer artículo entero aquí.

Para saber más:
Faec, ecología: mitos y fraudes
El ecologista escéptico, de Bjørn Lomborg

Publicado por El Primo Ralsa a 1:01 PM | Enlace permanente | 13 comentarios

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Comentario de Cuando el ecologismo deviene en fundamentalismo
No se que ocurra en otros paises, pero en México la mayoría de la gente da como hecho comprobado asuntos como el del calentamiento global, al grado que algunos noticieros, famosos por su investigación y su búsqueda de todas las opiniones, se cierran para dar solo voz a los extremistas tipo Greenpeace.

Basta una temporada de Huracanes inusualmente violenta para que todo mundo empiece a hablar sobre el "daño" que el hombre ha causado al clima, pero nadie se acuerda que los registros metereológicos en la zona no se remontan siquiera a los 300 años.

Lo irónico de todo el asunto es que en México a los primeros que se ataca y se critica es a las "grandes" empresas trasnacionales como McDonald's sin darse cuenta que a los que les hacen el juego son a las grandes trasnacionales ecologistas.

Saludos y felicidades

Me parece bastante falaz este artículo, pretendiendo que el ecologismo pueda, en general, ser barrido de la faz del pensamiento crítico simplemente porque haya iluminados y tarados que se digan así.

Igualmente, pretender que la crítica de Lomborg es "escéptica" es un tanto exagerado: muchas críticas, bien asentadas, con datos científicos, critican las interpretaciones de los llamados "escépticos" al calentamiento global.


Quizá deberías definir adecuadamente qué tesis defiendes y cuáles discutes. El pensamiento crítico exige, ante todo, argumentaciones bien asentadas.

Saludos!

Bueno, Pez, creo que has interpretado mal mis palabras, aunque esperaba que muchos lo hicieran. Leo a fondo y veo que jamás he dicho que el ecologismo haya sido ni pueda ser barrido de la faz del pensamiento crítico por esos tarados, por lo que no creo ser falaz. Creo que incluso digo todo lo contrario para prevenir de antemano tal interpretación. El artículo denuncia, como dice el título, cómo devienen en fundamentalismos algunas ideas cuando, precisamente, no son tratadas desde el pensamiento crítico(como hacen precisamente, esos tarados). Y de ese proceso degeenrativo, enfocado sobre el ecologismo, es de de lo que he hablado.
No he escrito que no haya calentamiento, ni polución, ni deforestación...ni que las denuncias ecologistas sean mentira de base. Nada de eso. ¡He dicho todo lo contrario!...y se puede leer apenas unas líneas iniciado. También dejo bien claro que no se puede hacer extensiva toda esa crítica a todo el ecologismo. Y es que no es un artículo contra el ecologismo. Es contra el fanatismo. Pero si ese fanatismo se acaba dando también en el ámbito ecologisa no veo la razón para rasgarse las vestiduras por señalarlo.
La crítica de Lomborg me parece escéptica, en efecto. Y no contradice por sistema los datos científicos. Me parece que Lomborg se centra más en la interpretación mediática y social que se hace del problema. Además me puede parecer que Lomborg esté acertado en unas cosas y en otras no tanto, que no soy de los que da crédito absoluto a nadie.
Hacer de una idea razonable una bandera fundamentalista, caiga quien caiga, está fuera de la razón del pensamiento crítico y es denunciable. Esa es la tesis que defiendo. El artículo era precisamente contra esos tarados, que por cierto hay bastantes.
De todos modos gracias por dejar tu opinión.

Hablando sobre nuestros simpáticos amigos de Greenpeace. Hace como un año leí una nota, en la que Greenpeace postulaba el cierre de las salinas en Guerrero Negro, Baja California, México, afirmando que dañaban el medio ambiente.

La prueba que presentaban, era una fotografía de una tubería de gran tamaño arrojando agua de un color rosado al mar. Y desde luego, se insinuaba que se trataba de substancias químicas en parte responsables de la muerte de ballenas y otras especies marinas.

Más tarde se comprobó que de hecho, las substancias químicas no eran más que agua, y su coloración se debía a su alta concentración salina. Y que de hecho, era bombeada del mar a las salinas, y no al revés como los de Greenpeace afirmaban.

PRIMO:
De la lectura de tu artículo y también de alguno de los comentarios me parece acertada la relación que hacés con tu artículo anterior. La ciencia, en estos casos, me parece que puede ayudar, y mucho: a través de su método, por una parte, podemos no caer en tergiversaciones generalizadores y conocer cuáles son los verdaderos y más graves problemas ecológicos así como su probable solución. La otra ventaja, que no menor, es evitar el fundamentalismo en el que suele recaerse, desde varios ángulos: la sacralización de las consignas (que diluyen todo criticismo) y la idéntica sacralización de los objetivos (que entroncan con las religiones anteriores, quizá, y derivan en el culto a Madre Gea, como el que mencionás, o se disparan hacia mitología new age como la de las "energías positivas y/o negativas") y todas aquellas ficciones que convierten lo que podría ser una causa noble en una nueva y por definición peligrosa religión.
Aprovecho la ocasión para remitirte (y a los visitantes que lo deseen) al artículo El medio ambiente: ¿dónde radica la prudencia, que incluyó Carl Sagan en la segunda parte de Miles de millones (1997).

Posiblemente tienes razón, Primo Ralsa: pero creo que se favorecía esa interpretación, especialmente encabezando la nota con la imagen del libro de Lomborg, y citándolo sin prevenir que sus interpretaciones no tienen el marchamo de la revisión entre pares, ni sus proyecciones el soporte de la verificación independiente, y sin decir, por el contrario, que no sólo desde los aparatos de las organizaciones ecologistas se le ha criticado, sino desde un importante sector de los expertos en cambio climático... Comentas que el libro de Lomborg te parece escéptico, pero ¿actúa Lomborg siguiendo lo que él exige? La bibliografía sobre el asunto de este libro es amplia (yo mismo escribí hace un par de años sobre el tema) y los debates pusieron de manifiesto que no era oro todo lo que parecía relucir.

Cuando afirmas, por ejemplo, que te llama la atención "la satanización de la ciencia que el enfoque ecologista pretende hacer, falazmente por supuesto, responsabilizándola junto a toda la comunidad científica de los problemas medioambientales, existan o no", ¿qué enfoque ecologista pretendes caracterizar? Porque el ecologismo del IPCC no parece que reniegue en absoluto de la ciencia. Ah, claro, que eso no será ecologismo. Por eso te decía antes, y reitero, que deberías definir los términos. No todos los ecologistas satanizan la ciencia, y creo que tú mismo lo sabes. ¿Será que esos no son los verdaderos escoceses, digo, ecologistas, de que hablabas?

Tienes razón, Pez, no todos los ecologistas satanizan a la ciencia, claro que hay ecologismo que no reniega de la misma. ¿He dicho lo contrario? Hago ese matiz en el artículo muy claramente y además puse empeño en ello haciendo hincapié en que lo que pretendo criticar no era "el ecologismo" sino la fanatización del mismo, precisamente para distanciarme de quienes acusan a la ciencia por los que hacen mal la ciencia (que también los habrá). Pienso firmemente que definí los términos para dejar a salvo a los, precisamente, verdaderos ecologistas.
Leer otra cosa sería como si los musulmanes se alzaran protestando porque se haga una crítica similar a la mía del integrismo islámico.

El eje del artículo y el tema no es Lomborg ni sus tesis. Había pensado, tras leerle, escribir sobre él, pero precisamente para que no pareciera que lo apoyo incondicionalmetne decidí aplazarlo hasta tener más información de los puntos de vista opuestos y así poder contrastar bien todo lo que dice, por lo que agradecería que si puedes me remitieses títulos de material, incluído el tuyo. Verás que con Lomborg me queda mucho por hacer antes de decirte algo concreto, pero de entrada sí me parece escéptico, al menos en algunos puntos y creo que citarle no es darle el beneplácito en todo ni afirmarse su seguidor.

Saludos y gracias otra vez

" la sacralización de las consignas (que diluyen todo criticismo) y la idéntica sacralización de los objetivos (que entroncan con las religiones anteriores, quizá, y derivan en el culto a Madre Gea, como el que mencionás, o se disparan hacia mitología new age como la de las "energías positivas y/o negativas") y todas aquellas ficciones que convierten lo que podría ser una causa noble en una nueva y por definición peligrosa religión."

Estupendo Fernando, exactamanente ese es el eje de mi post. Y no invalida los postulados ecologistas racionales. No he leído ese artículo de Sagan, pero ya sabes cómo me gusta Sagan, así que a buscarlo.

El problema es que no defines ni a los "verdaderos" ecologistas ni a los "ecólatras", Primo Ralsa. Que yo lo entiendo, y sin duda los lectores entenderán que no pretendes otra cosa que la que dices. Lo que pasa es que quizá sería conveniente analizar cuándo (afirmando qué) un ecologista se convierte en un ecólatra (uso el término, que no es mío, que a veces he leido publicado en "El Escéptico" y otros foros del pensamiento crítico). POdríamos decir, precisamente, que el ecólatra se define por su desprecio o satanización de la ciencia. Entonces, claro, no tiene mayor dificultad en reconocer que lo hace (porque lo hemos definido mediante esa característica). Ahondando más, podríamos afirmar que se define no por satanizar siempre la ciencia (o cualquier ciencia), sino sólo aquella que no casa con sus fines ideológicos, que aplica un "todo vale" para cumplirlos, que le hace apoyarse en la ciencia cuando le interesa y denostarla cuando no. Esa caracterización -que no es la que planteabas- me parece que aporta una mayor profundidad, y permite un debate más amplio. Porque rápidamente se descubre que esa actitud no es exclusiva de los ecólatras en el tema del cambio climático, sino que también existen similares tipos de actuación en otros sectores (aludo con ello a un creciente número de organizaciones que se posicionan públicamente en "contra" del cambio climático, a menudo -como se ha demostrado- subvencionadas desde grandes empresas del sector energético; aludo así también a fenómenos constatados en este complejo tema, como la retirada de aquel número de "The Ecologist" por presiones de un anunciante...). Ojo: no quiero con ello decir que unos no sean malos porque los otros existan. A mí me parecen posicionamientos ideológicos (o ideologizados) igualmente poco respetables, que en un análisis serían claramente anticientíficos o pseudocientíficos. Mala ciencia, en cualquier caso, la que pretenden.

Sé que esto es otro tema, pero cuando se aborda el asunto que planteabas, especialmente por la relevancia social que tiene, creo que es conveniente realizar una crítica desde el pensamiento racional que no se quede en lo cosmético o estereotipado, sino que ahonde -cosa que, ya adelanto, no he hecho tampoco en este comentario- en el uso de los datos científicos, en la forma en que se subvenciona, paga o compra a los investigadores, en la existencia de lobbies y otras formas de grupos de presión todo ello con la apariencia de "ciencia de la buena", pero que realmente no lo es.

Del asunto Lomborg, mi artículo para EL CORREO lo tengo en la bitácora, Escepticismo O Guerra Ambiental (5/3/2003). En él hay unos cuantos enlaces, tanto a la web de Lomborg como al debate que se llevó a cabo en la web de la revista "Scientific American".

Pues si, ese es otro tema, y más complejo desde luego. Obviamente sigo pensando que mi post es válido y no está centrado en nada estereotipado porque denuncia un proceso de fanatización a través de una idea positiva independientemente de que hay otros sectores que actúen de la misma manera. Evidentemente que los hay pero no puede dejarse de criticarse algo porque haya contrarios que hagan los mismas maldades.
Conozco fanáticos como los descritos (ecólatras, asumiendo el término y religiosos)y, la verdad, para ser un esterotipo me parecen bastante peligrosos. Sobre todo porque desinforman que es un primor.
Gracias por el enlace.

La entrada me parece interesante ya que soy uno de los críticos del ambientalismo radical. Para conocer algo de primero mano de estos grupos sugiero leer a John Zerzan, principalmente "Un futuro primitivo", que es un acopio de mentiras, verdades a medias, falacias y delirios pero que son consumidas por miles de verdes.

Primo: si me permitís una crítica constructiva me remito al libro "Ecologia, mitos y fraudes" tuve oportunidad de leerlo y me pareció también escrito por un radicalizado fanático pero al revés, es decir un antiambientalista. El autor, por ejemplo afirma que manipular PCB no sólo no genera cáncer sino que lo previene, entre otros delirios y estrategias semejantes a las de los ecologistas, pero aplicadas en sentido opuesto.

Una lectura crítica del movimiento ecologista que me pareció interesante es la de Guy Sorman "Los enemigos del progreso", aunque en algunos párrafos también cae en el fanatismo, en este caso neoliberal. Pero sus análisis sobre la energía nuclear y los transgénicos me pareció impecable.

Seguramente debemos seguir tu ejemplo de tratar más el tema de la trampa ecologista y escribir más sobre este tema, como lo hacemos sobre homeopatía o astrología.

CARLOS QUINTANA
WWW.ADEPENSAR.CJB.NET

Cuanta verdad...prueba a trabajar con ellos...funcionan como cualquier otra multinacional. Sigh.

Por cierto, que por fin he conseguido abrir los comentarios!!!

Soy perseverante, así que triunfo ;)

Besote

Pez, precisamente el último párrafo del artículo de tu bitácora que me enlazas se refiere a todo lo que yo quería denunciar aquí.
Y ya veo por qué te disparó el ver la portada del Lomborg ilustrando el mío,je je.
Lástima que el enlace más interesante ya no funcione.

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